Las Drogas y el Significado de la Vida – por Sam Harris

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Banco de Fotos JB )

(Nota 06/04/2014: He revisado este ensayo de 2011 y añadido una versión en audio -SH.)

Todo lo que hacemos es con el propósito de alterar la conciencia. Formamos amistades para que podamos sentir ciertas emociones, como el amor, y para evitar otras, como la soledad. Comemos alimentos específicos para disfrutar de su fugaz presencia en nuestras lenguas. Leemos por el placer de pensar los pensamientos de otra persona. Cada momento durante la vigilia, e incluso en nuestros sueños, nos esforzamos para dirigir el flujo de la sensación, la emoción y la cognición hacia estados de conciencia que valoramos.

Las drogas son otro medio para lograr este fin. Algunas son ilegales, algunas están estigmatizadas, y algunas son peligrosas, aunque, paradójicamente, estas categorías se cruzan sólo en parte. Algunas drogas con extraordinario poder y utilidad, como la psilocibina (el compuesto activo en los “hongos mágicos”) y la dietilamida del ácido lisérgico (LSD) no suponen ningún riesgo aparente de adicción y son físicamente bien toleradas, sin embargo aún puedes ser enviado a prisión por usarlas, mientras que drogas como el tabaco y el alcohol, que han arruinado incontables vidas, pueden ser disfrutadas ad libitum en casi todas las sociedades sobre la tierra. Existen puntos intermedios en esta continuidad: el MDMA o Éxtasis tiene un potencial terapéutico notable, pero también es susceptible a los abusos y hay evidencias que sugieren que puede ser neurotóxico.1 ]

Una de las grandes responsabilidades que tenemos como sociedad es educarnos a nosotros mismos, junto con la siguiente generación, acerca de cuales sustancias vale la pena ingerir y con qué propósito y cuales no. El problema , sin embargo, es que nos referimos a todos los compuestos biológicamente activos con un único término, drogas, lo que hace casi imposible tener una discusión inteligente sobre los problemas psicológicos, médicos, éticos y legales que rodean su uso. La pobreza de nuestro lenguaje ha sido ligeramente aliviada por la introducción de términos cómo  psicodélicos para diferenciar ciertos compuestos visionarios que pueden producir estados extraordinarios de éxtasis e introspección de los narcóticos y otros agentes clásicos de estupefacción y abuso.

Sin embargo, no debemos apresurarnos a sentir nostalgia por la contracultura de la década de los 60’s. Sí, se hicieron avances importantes, social y psicológicamente, y las drogas fueron centrales en el proceso, pero uno sólo necesita leer relatos de la época, cómo Arrastrándose hacia Belén de Joan Didion, para ver el problema de una sociedad inclinada a tener un juicio final a cualquier costo. Por cada visión de valor duradero producida por las drogas, había un ejército de zombies con flores en el cabello dejándose llevar hacia el fracaso y el arrepentimiento. Conectarse, sintonizarse y desprenderse es sabio, o al menos benigno, sólo si después puedes llegar a un modo de vida que tiene sentido ético y material y no dejas a tus hijos vagando en las calles.

El abuso de drogas y la adicción son problemas reales, por supuesto, y el remedio para ellos es la educación y el tratamiento médico, no el encarcelamiento. De hecho, las drogas de las que más se abusa en los Estados Unidos parecen ser la oxidocona y otros analgésicos recetados. ¿Deberían estos medicamentos ser ilegales? Por supuesto que no. Pero las personas necesitan ser informadas acerca de sus peligros y los adictos necesitan tratamiento. Y todas las drogas, incluyendo el alcohol, los cigarrillos y las aspirinas, deben mantenerse fuera del alcance de los niños.

Discutí los problemas de la política antidrogas en mi primer libro El Fin de la Fe, y mi forma de pensar al respecto no ha cambiado. La “guerra contra las drogas” está perdida y nunca debió haber sido librada. No puedo pensar en un derecho más fundamental que el de observar pacíficamente los contenidos de nuestra propia conciencia. El hecho de que sin razón alguna arruinemos la vida de usuarios no violentos de drogas al encarcelarlos, a un gran costo, constituye uno de los grandes fracasos morales de nuestro tiempo. (Y el hecho de que hagamos lugar para ellos en las cárceles dándole libertad provisional a asesinos, violadores y pederastas hace que uno se pregunte si la civilización no estará simplemente condenada.)

Tengo dos hijas que algún día usarán drogas. Por supuesto, haré todo lo que esté a mi alcance para ver que ellas escojan sus drogas con prudencia, ya que una vida vivida sin ningún tipo de drogas no parece previsible ni deseable, a mi parecer.  Espero que algún dia ellas disfruten de una taza de café o té por la mañana tanto como yo. Si beben alcohol de adultas, como probablemente lo harán, las animaré a hacerlo de manera segura. Si optan por fumar marihuana, les recomendaré moderación.2 ]  El tabaco debe ser evitado, y voy a hacer todo dentro de los límites de la paternidad decente para alejarlas de el. Sobra decir que, si me entero que alguna de ellas desarrollará una afición por la metanfetamina o el crack, podría no volver a dormir nunca. Pero si no prueban un psicodélico como la psilocibina o el LSD al menos una vez durante su vida adulta, me preguntaré si se habrán perdido uno de los más importantes ritos de paso que un ser humano puede experimentar.

Esto no quiere decir que todos deberían tomar psicodélicos. Como dejaré claro a continuación, estas drogas presentan ciertos peligros. Sin duda, algunas personas no pueden darse el lujo de darle al ancla de la cordura ni el más mínimo tirón. Han pasado muchos años desde que tomé drogas psicodélicas y mi abstinencia proviene de un saludable respeto por los riesgos que implica. Sin embargo, hubo un período en mis años 20 en los que consideré a la psilocibina y al LSD como herramientas indispensables, y algunos de los momentos más importantes de mi vida los pasé bajo su influencia. Sin ellas, podría no haber descubierto nunca que hay un paisaje interno en la mente que vale la pena explorar.

Es imposible negar el rol de la suerte aquí. Si tienes suerte, y tomas la droga correcta, sabrás lo que es alcanzar la iluminación (o estarás lo suficientemente cerca de lograrlo como para persuadirte de que la iluminación es posible.) Si tienes mala suerte, sabrás que es padecer demencia clínica. Si bien, no recomiendo esta última experiencia, sí ayuda a aumentar el respeto de uno por la frágil condición de la cordura, así como la compasión por las personas que sufren de enfermedades mentales.

Los seres humanos han ingerido plantas psicodélicas durante miles de años, pero la investigación científica de estos compuestos no empezó sino hasta la década de 1950. Ya para 1965 se habían publicado un millar de estudios, principalmente sobre la psilocibina y el LSD, muchos de las cuales comprobaron la utilidad de los psicodélicos para el tratamiento de la depresión clínica, trastorno obsesivo compulsivo, adicción al alcohol y para tratar el dolor y la ansiedad asociados al cáncer terminal. En pocos años, sin embargo, todo este campo de investigación fue abolido en un esfuerzo por detener la propagación de estas drogas entre el público. Después de una pausa que duró toda una generación, la investigación científica sobre la farmacología y el valor terapéutico de las drogas psicodélicas se ha reanudado silenciosamente.

Psicodélicos como la psilocibina, el LSD, el DMT y la mezcalina alteran poderosamente la cognición, la percepción y el estado de ánimo. La mayoría parecen ejercer su influencia a través del sistema de la serotonina en el cerebro, principalmente al unirse a receptores 5-HT 2A (aunque algunos tienen afinidad también por otros receptores), lo que lleva a una mayor actividad neuronal en la corteza prefrontal (CPF). Ya que la CPF modula a su vez la producción de dopamina subcortical, (y algunos de estos compuestos como el LSD, se unen directamente a los receptores de la dopamina) el efecto de las drogas psicodélicas parece tener lugar en gran medida fuera de las vías de la dopamina (lo que podría explicar por qué estas drogas no son formadoras de hábito).

La eficacia de los psicodélicos parece establecer la base para una vida mental y espiritual mas allá de toda duda, ya que la introducción de estas sustancias en el cerebro es la causa evidente del apocalipsis numinoso que le sigue. Es posible, sin embargo, si no realmente plausible, tomar esta evidencia desde el otro extremo y argumentar, cómo Aldous Huxley lo hizo en su ensayo clásico Las puertas de la percepción, que la función primaria del cerebro podría ser eliminativa: su objetivo puede ser evitar que una dimensión vasta y transpersonal inunde nuestra conciencia, permitiendo así que monos como nosotros se abran paso por el mundo sin ser deslumbrados a cada paso por fenómenos visionarios irrelevantes para su supervivencia. Huxley pensaba en el cerebro como una especie de “válvula de escape” para una “Mente en Grande”. De hecho, la idea de que el cerebro es un filtro en vez que el origen de la mente se remonta hasta por lo menos Henri Bergson y William James. En opinión de Huxley, esto explicaría la eficacia de los psicodélicos: Puede que simplemente sean un medio material para abrir el tapón.

Huxley estaba operando bajo la suposición de que los psicodélicos disminuyen la actividad cerebral. Algunos datos recientes apoyan esta opinión; por ejemplo, un estudio de neuroimagen de la psilocibina sugiere que la droga reduce principalmente la actividad en la corteza cingulada anterior, una región involucrada en una amplia variedad de tareas relacionadas con el auto-monitoreo. Sin embargo, otros estudios han descubierto que los psicodélicos aumentan la actividad de todo el cerebro. En cualquier caso, la acción de estad drogas no descarta el dualismo, o la existencia de otras realidades mentales mas allá del cerebro, pero en realidad, nada lo hace. Ese es uno de los problemas con los puntos de vista de este tipo: Parecen ser infalsificables.3 ]

Tenemos razones para ser escépticos de la tesis cerebro-como-barrera. Si el cerebro fuera simplemente un filtro en la mente, dañarlo debería aumentar la cognición. De hecho, dañar estratégicamente el cerebro debería ser el método más fiable de práctica espiritual disponible para cualquiera. En casi todos los casos, la pérdida de cerebro debería producir más mente. Pero la mente no funciona de esa manera.

Algunas personas intentan evitar esto sugiriendo que el cerebro podría funcionar más bien como un radio, un receptor de estados de conciencia en lugar de una barrera para ellos. A primera vista, esto podría explicar los efectos nocivos de las lesiones y enfermedades neurológicas, pues si uno rompe el radio con un martillo, dejará de funcionar correctamente. Sin embargo, hay un problema con esta metáfora. Quienes la emplean invariablemente olvidan que somos la música, no la radio. Si el cerebro no fuera más que un receptor de estados de conciencia, debería ser imposible disminuir la experiencia del cosmos de una persona al dañar su cerebro. Ella puede parecer inconsciente desde afuera, como un radio descompuesto, pero, subjetivamente hablando, la música seguiría sonando.

Reducciones específicas en la actividad cerebral podrían beneficiar a las personas de ciertas maneras, para descubrir recuerdos o habilidades que están siendo activamente inhibidos por las regiones en cuestión. Pero no hay razones para pensar que la destrucción generalizada del sistema nervioso no afectaría a la mente (mucho menos mejorarla). Los medicamentos que reducen la ansiedad funcionan generalmente aumentando el efecto del neurotransmisor inhibidor GABA, disminuyendo así la actividad neuronal en diversas partes del cerebro. Pero el hecho de que amortiguar la excitación de esta manera hace que la gente se sienta mejor, no sugiere que se sentirían mejor aún si se les induciera un coma con drogas. Del mismo modo, sería poco sorprendente que la psilocibina redujera la actividad cerebral en las áreas responsables del auto-monitoreo, ya que eso podría, en parte, explicar las experiencias que a menudo se asocian con la droga. Esto no nos da ninguna razón para creer que apagar el cerebro por completo produciría una mayor conciencia de las realidades espirituales.

Sin embargo, el cerebro  excluye una cantidad extraordinaria de información de la conciencia. Y, al igual que muchos de los que han tomado psicodélicos, puedo afirmar que estos compuestos ciertamente abren las puertas. Postular la existencia de una Mente en Grande es mas tentador en algunos estados de conciencia que en otros. Pero estos fármacos también pueden producir estados mentales que podrían ser vistos como formas de psicosis. En términos generales, creo que debemos ser muy lentos para sacar conclusiones sobre la naturaleza del cosmos basándonos en experiencias internas, sin importar lo profundas que parezcan.

Una cosa es cierta: La mente es más vasta y más fluida de lo que nuestra conciencia ordinaria y en vigilia sugiere. Y es simplemente imposible comunicar la profundidad (o profundidad aparente) de los estados psicodélicos a quienes nunca los ha experimentado. De hecho, incluso a uno mismo le es difícil recordar el poder de estos estados una vez que han pasado.

Mucha gente se pregunta sobre la diferencia entre la meditación (y otras prácticas contemplativas) y los psicodélicos. ¿Son estas drogas una forma de hacer trampa, o son el único e indispensable vehículo para el auténtico despertar? No son ni lo uno ni lo otro. Todas las drogas psicoactivas modulan la neuroquímica existente en el cerebro, ya sea mediante la imitación de determinados neurotransmisores, o haciendo que los neurotransmisores mismos sean más o menos activos. Todo lo que uno puede experimentar con una droga es, en algún nivel, una expresión del potencial del cerebro. Por lo tanto, todo lo que uno ha visto o sentido después de ingerir LSD es probable que haya sido visto o sentido por alguien, en algún lugar, sin tomarlo.

Sin embargo, no puede negarse que los psicodélicos son un medio singularmente potente para alterar la conciencia. Puedes enseñar a una persona a meditar, orar, cantar o hacer yoga y no garantía que algo suceda. Dependiendo de su aptitud o interés, puede que la única recompensa por sus esfuerzos sean aburrimiento y dolor de espalda. No obstante, si una persona ingiere 100 microgramos de LSD, lo que sucede a continuación dependerá de una variedad de factores, pero no hay duda alguna de que algo va a suceder. Y el aburrimiento, simplemente, no está en el menú. En menos de una hora, el significado de su propia existencia se abalanzará sobre ella como una avalancha. Como el difunto Terence McKenna4 ] no se cansó de señalar, esta garantía de efecto profundo, para bien o para mal, es lo que separa a los psicodélicos de todos los demás métodos de investigación espiritual.

Ingerir una dosis poderosa de una droga psicodélica es como atarse a un cohete sin sistema de navegación. Uno podría terminar en algún lugar a donde vale la pena ir, y dependiendo de la sustancia y de nuestro “escenario y situación”, ciertas trayectorias son más probables que otras. Pero sin importar cuán metódicamente se prepare para el viaje, uno puede todavía ser lanzado a unos estados mentales tan dolorosos y confusos que pueden ser indistinguibles de la psicosis. Por eso, los términos psicotomiméticos y psicótogenos se aplican ocasionalmente a estas drogas.

He visitado ambos extremos del espectro psicodélico. Las experiencias positivas fueron más sublimes de lo que jamás hubiera imaginado o de lo que ahora puedo recordar con fidelidad. Estos químicos revelan capas de belleza que el arte es impotente para capturar y para los cuales la belleza de la naturaleza misma es un mero simulacro. Una cosa es recibir un golpe de asombro por la visión de una secuoya gigante y estar maravillado por los detalles de su historia y su biología subyacente. Es una cosa muy distinta pasar una eternidad aparente en una comunión libre de ego con ella. Las experiencias psicodélicas positivas a menudo revelan lo maravillosamente a gusto que un ser humano puede estar en el universo, y para la mayoría de nosotros, la conciencia normal de vigilia no nos ofrece siquiera un atisbo de esas posibilidades más profundas.

Las personas generalmente salen de tales experiencias con la sensación de que nuestros estados convencionales de conciencia oscurecen y truncan introspecciones y emociones sagradas. Si los patriarcas y matriarcas de las religiones del mundo experimentaron estos estados mentales, muchas de sus afirmaciones sobre la naturaleza de la realidad podrían tener sentido subjetivo. Una visión beatífica no te dice nada acerca del nacimiento del cosmos, pero sí revela cuán completamente transfigurada puede ser una mente por una colisión total con el momento presente.

Sin embargo, los picos son tan altos como profundos son los valles. Mis “malos viajes” fueron, sin lugar a dudas, las horas más angustiosas que he sufrido, y hacen que la noción del infierno (como metáfora y no un destino real) parezca perfectamente apta. Si de algo sirven estas atroces experiencias es para convertirse en una fuente de compasión. Creo que sería imposible imaginar lo que es padecer una enfermedad mental sin haber tocado brevemente sus costas.

En ambos extremos del espectro, el tiempo se dilata de manera que no se puede describir mas allá de observar que estás experiencias aparentan ser eternas. He pasado horas, tanto buenas como malas, en las cuales todo conocimiento de que había yo ingerido una droga estaba perdido, y todas las memorias de mi pasado junto con él. La inmersión total en el momento presente a este grado es sinónimo de la sensación de que uno siempre ha estado y siempre estará en precisamente esta condición. Dependiendo del carácter de la propia experiencia en este punto, las nociones de salvación y condenación pueden aplicar muy bien. La línea de Blake sobre contemplar “la eternidad en una hora” no promete ni amenaza demasiado.

Al principio, mis experiencias con la psilocibina y el LSD fueron tan positivas que no podía ver cómo era posible un mal viaje. Las nociones de “escenario y situación” (*set and setting) ciertamente vagas, parecían ser suficientes para explicar mi buena suerte. Mi situación mental era exactamente como debía ser, yo era un investigador espiritual y serio de mi propia mente, y mi escenario era generalmente de belleza natural o de aislamiento seguro.

No puedo explicar por qué mis aventuras con psicodélicos eran uniformemente agradables hasta que dejaron de serlo, pero cuando las puertas al infierno al fin se abrieron, parecían haber quedado permanentemente abiertas. A partir de entonces, si un viaje era bueno o no en su conjunto, por lo general, implicaba algún desvío angustioso en el camino hacia lo sublime. ¿Alguna vez has viajado mas allá de las meras metáforas, a la Montaña de la Vergüenza quedándote ahí durante mil años.? No lo recomiendo.

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(Pokhara, Nepal)

En mi primer viaje a Nepal, tomé un bote de remos en el lago Phewa en Pokhara, que ofrece una vista impresionante de la cordillera de Annapurna. Era temprano por la mañana, y yo estaba solo. A medida que el sol se levantaba sobre el agua, ingerí 400 microgramos de LSD. Yo tenía 20 años de edad y había tomado la droga por lo menos diez veces anteriormente. ¿Qué podría salir mal?.

Resultó que todo. Bueno, no todo… no me ahogué. Tengo un vago recuerdo de haber llegado a una orilla y de estar rodeado por un grupo de soldados nepaleses. Después de mirarme por un tiempo, mientras yo espiaba furtivamente por sobre la borda como un lunático, parecía que estaban a punto de decidir que hacer conmigo. Pero después de unas corteses palabras en Esperanto y unos cuantos alocados golpes de remo, me alejé de la orilla hacia el olvido. Supongo que eso podría haber terminado de manera diferente.

Pero pronto no había lago, montañas ni barco, y de haber caído al agua estoy bastante seguro de que no habría ahí nadie que nadara. Durante las horas siguientes mi mente se convirtió en el perfecto instrumento de auto-tortura. Todo lo que quedaba era un terror continuo y demoledor para el cual no tengo palabras.

Un encuentro como éste te quita algo. Incluso si el LSD y drogas similares son biológicamente seguras, tienen el potencial de producir experiencias desagradables y desestabilizadoras. Creo que fui afectado positivamente por mis buenos viajes y negativamente por los malos, durante semanas y meses.

La meditación puede abrir la mente a un rango similar de estados de conciencia, pero mucho menos al azar. Si el LSD es como atarse un cohete, aprender a meditar es como levantar cuidadosamente la vela de un barco. Sí, es posible, incluso con orientación, terminar en un lugar aterrador y hay personas que probablemente no deberían pasar largos períodos en práctica intensiva. Pero el efecto general de aprender meditación es de asentarse con mayor plenitud en la propia piel y sufrir menos ahí.

Como dije en El fin de la fe, me parece que la mayoría de las experiencias psicodélicas son potencialmente engañosas. Los psicodélicos no garantizan sabiduría o un claro reconocimiento de la naturaleza no egoica (*carente de yo) de la consciencia. Se limitan a garantizar que los contenidos de la consciencia cambiarán. Tales experiencias visionarias, consideradas en su totalidad, me parecen éticamente neutras. Por lo tanto, parece que los éxtasis psicodélicos debe ser dirigidos hacia nuestro bienestar individual y colectivo por algún otro principio. Como Daniel Pinchbeck señaló en su muy entretenido libro Breaking Open the Head, el hecho de que tanto los Mayas como los Aztecas utilizaran drogas psicodélicas siendo practicantes entusiastas de los sacrificios humanos, hace que cualquier vínculo idealista entre el chamanismo a base de plantas y una sociedad iluminada parezca terriblemente ingenuo.

Como he discutido en otras obras, la forma de trascendencia que parece enlazarse directamente con el comportamiento ético y el bienestar humano es la que ocurre en medio de la vida ordinaria. Es al dejar de aferrarnos a los contenidos de la conciencia, a nuestros pensamientos, estados de animo y deseos, que progresamos. Este proyecto no requiere, en principio, que experimentemos más contenido. 5 ]  Librarse del ego, que es a la vez el objetivo y el fundamento de la vida “espiritual” es coincidente con la percepción y cognición normales, aunque, ciertamente, esto puede ser difícil de entender.

El poder de los psicodélicos, sin embargo, es que a menudo revelan, en el lapso de unas pocas horas, profundidades de fascinación y entendimiento que de otra forma nos pueden eludir por toda la vida. William James dijo que casi tan bien como cualquiera: 6 ]

Una conclusión entró por la fuerza en mi mente en ese momento, y mi impresión sobre su veracidad ha permanecido inquebrantable desde entonces. Y es que nuestra conciencia normal de vigilia, la consciencia racional, como la llamamos, no es sino un tipo especial de conciencia, mientras que por toda ella, separadas por un delgadísimo velo, se encuentran formas potenciales de consciencia totalmente diferentes. Podríamos ir por la vida sin sospechar su existencia, pero si aplicamos los estímulos necesarios, en un momento aparecen ahí, en toda su plenitud, tipos concretos de mentalidad que probablemente en algún lugar tienen su campo de aplicación y adaptación. Ninguna descripción del universo en su totalidad puede ser definitiva si se hacen a un lado estas otras formas de consciencia. Cómo interpretarlas es la cuestión, puesto que son tan discontinuas con la consciencia ordinaria. Con todo, éstas pueden determinar actitudes a pesar de que no puedan aportar fórmulas y abren una región a pesar de que no dan un mapa. En cualquier caso, nos prohiben un cierre prematuro de nuestra descripción de la realidad.

(Las variedades de la experiencia religiosa, p. 388)

Creo que los psicodélicos pueden ser indispensables para algunas personas, especialmente para aquellos que, como yo, en un principio necesitan ser convencidos de que los cambios profundos en la consciencia son posibles. Después de eso, parece sensato encontrar formas de practicar que no presenten los mismos riesgos. Afortunadamente, tales métodos están ampliamente disponibles.


NOTAS:

  1. Una amplia literatura sugiere que el MDMA daña neuronas productoras de serotonina y disminuye los niveles de serotonina en el cerebro. Una amplia literatura sugiere ahora que el MDMA puede dañar las neuronas productoras de serotonina y disminuir los niveles de serotonina en el cerebro. Esta es la punta del iceberg: 1 , 2 , 3 , 4 , 5 y 6 . Sin embargo, existen reclamos creíbles de que muchos de estos estudios utilizaron controles deficientes o dosis en animales de laboratorio que eran demasiado altas para modelar el uso humano de la droga. 
  2. ¿Qué es moderación? Digamos que nunca he conocido a una persona que fume marihuana todos los días de quien haya pensado que no se beneficiaría de fumar menos (y nunca he conocido a alguien que nunca la ha probado de quien haya pensado que no se beneficiarían de fumar más).
  3. El fisicalismo, por el contrario, podría ser fácilmente falsificado. Si la ciencia alguna vez estableciera la existencia de fantasmas, o la reencarnación, o cualquier otro fenómeno que ponga a la mente humana (completa o en parte) fuera del cerebro, el fisicalismo estaría muerto. El hecho de que los dualistas nunca puedan decir lo que contaría como evidencia en contra de sus puntos de vista hace que esta antigua posición filosófica sea muy difícil de distinguir de la fe religiosa.
  4. Terence McKenna es una persona me arrepiento de no haber conocido. Desafortunadamente, él murió de cáncer cerebral en el 2000, a la edad de 53. Sus libros bien valen la pena de leer y recomiendo varios más adelante, pero era, sobre todo, un orador increíble. Es cierto que su elocuencia a menudo le llevó a adoptar posiciones que sólo pueden ser descritas (por caridad) como “alocadas”, pero el hombre era sin lugar a dudas brillante y siempre vale la pena escucharlo. 
  5. Debo decir, sin embargo, que hay experiencias psicodélicas que no he tenido, que parecen transmitir un mensaje diferente. En lugar de ser estados en los que los límites del yo se disuelven, algunas personas tienen experiencias en las que el yo (en cierta forma) parece ser transportado a otro lugar. Este fenómeno es muy común con el DMT, y puede llevar a sus iniciados a algunas conclusiones muy sorprendentes sobre la naturaleza de la realidad. Más que nadie, Terence McKenna fue muy influyente en volver a la fenomenología del DMT relevanteEl DMT es único entre los psicodélicos por varias razones. Todos los que han probado parecen estar de acuerdo que es el alucinógeno más potente disponible (no en términos de la cantidad necesaria para una dosis efectiva, sino en términos de sus efectos). También es, paradójicamente, la que actúa con mayor rapidez. Si bien los efectos del LSD pueden durar diez horas, el trance del DMT aparece en menos de un minuto y desaparece en diez. Una razón para tan empinada farmacocinética aparentemente, es que este compuesto ya existe en el interior del cerebro humano, y se metaboliza fácilmente por monoaminoxidasa. El DMT es de la misma clase química que la psilocibina y el neurotransmisor serotonina (pero además de tener una afinidad por los receptores 5-HT2A, se ha demostrado que une al receptor sigma-1 y modula canales de Na+). Su función en el cuerpo humano sigue siendo un misterio. Entre los muchos misterios e insultos presentados por el DMT, es que ofrece una burla final a nuestras leyes antidrogas: No sólo hemos criminalizado sustancias de origen natural, como la cannabis, hemos criminalidad a uno de nuestros propios neurotransmisores.Muchos usuarios de DMT reportan haber sido empujados bajo su influencia a una realidad adyacente donde se encuentran con seres extraterrestres que parecen decididos a compartir información y demostrar el uso de tecnologías inescrutables. La convergencia de cientos de esos informes, muchos de ellos de usuarios primerizos de la droga a quienes no se les ha dicho que esperar, es ciertamente interesante. También vale la pena notar que estas descripciones están casi totalmente libres de imágenes religiosas. Parece que uno está mucho más propenso a toparse con extraterrestres o elfos bajo la influencia del DMT que con los tradicionales santos o ángeles. Como no he probado el DMT, y no he tenido una experiencia del tipo que describen sus usuarios, no sé que pensar de todo esto. 
  6. Por supuesto, James estaba reportando sus experiencias con óxido nitroso, que es un anestésico. Otros anestésicos, como clorhidrato de ketamina y clorhidrato de fenciclidina (PCP), tienen efectos similares en el estado de ánimo y la cognición en dosis bajas. Sin embargo, hay muchas diferencias entre estos fármacos y los psicodélicos clásicos, una de las cuales es que altas dosis de éstos últimos no llevan a la anestesia general. 

Texto original

Porqué necesitas terapia


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En casi todos los países y comunidades alrededor del mundo, existe una sospecha central (normalmente no declarada) que surge cada vez que a alguien se le escapa decir que “van a terapia”: están locos.

Conseguir ayuda terapéutica debería (idealmente) ser una cosa ordinaria y completamente corriente, como cortarse el pelo o ir al dentista, pero sigue siendo un recurso muy peculiar y mal visto. Esto es, en parte, porque a la industria terapéutica en la actualidad se le ve muy poco impresionante. Algunas personas bastante torpes se emplean en ella, trabajando en precarias oficinas de sótano, a menudo con credenciales dudosas. Una miríada de servicios cuestionables se etiqueta bajo esta etiqueta multipropósito. Una industria que debería de ser tan dominante y económicamente importante como Audi o Nike lucha por tener algo de reconocimiento. Se está realizando mucho trabajo bueno, pero no es muy visible

Además, como si consideramos que la terapia es un procedimiento de emergencia, algo a lo que acudes porque tienes problemas grandes y alarmantes, naturalmente preferimos vernos como que no lo necesitamos.

Sin embargo, es precisamente la terapia lo que podría prevenir que desarrollemos estos problemas desesperados en primer lugar. “Hablar con alguien” (como dice el eufemismo) puede que sea el más fuerte y prometedor indicador de cordura posible. Debería ser parte de la experiencia cotidiana de todos en el mundo moderno.

Aquí están algunas de las razones por qué:


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Uno: Un terapeuta puede desenredar nuestros sentimientos confusos

Pensar en nuestras vidas es difícil, especialmente en la era del internet. Siempre hay un sitio de noticias (o un video porno) a un par de clics de distancia, asegurando que podamos evitar darnos cuenta de grandes y desafiantes cosas sobre nosotros.

Tal vez sabemos que necesitamos un cambio en nuestra carrera, pero rara vez parece un buen momento para analizar cómo y por qué. O puede que tengamos algún resentimiento contra nuestra pareja debido a ciertos incidentes molestos, pero evitamos fijar exactamente que es lo que, de hecho, nos tiene amargados o enojados. Pagamos un alto precio por tal auto-ignorancia: incontables agonías y errores provienen de no analizar adecuadamente nuestras confusiones internas. Escogemos el empleo equivocado; hacemos pareja con una persona destructiva y huimos de la correcta; gastamos el dinero a lo tonto y no hacemos justicia a nuestros talentos y aspiraciones más profundas.

Debido a que pensar en nuestra vida es tan difícil, ayuda enormemente pensar con alguien más en la habitación, un operador hábil que pueda decir ‘continúa… eso es fascinante…’, justo cuando estábamos a punto de renunciar o evadir una emoción incómoda. Su interés puede sostener y guiar el nuestro; su compromiso de dar sentido a lo que estamos sintiendo y diciendo nos da valor para adentrarnos más en el laberinto de nuestra psique. Ellos pueden hacer por nosotros lo que ningún amigo, no importa que tan bien intencionado, tiene la experiencia o paciencia para hacer: representarnos a nosotros mismos de manera precisa, cuidadosa y con cordura.


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Dos: La terapia nos ayuda a estar menos a la defensiva

Nuestro carácter está fuertemente reforzado por lo que los terapeutas llaman ‘defensas’: estrategias que nos impiden reconocer emociones y deseos dolorosos pero importantes.

Alguien nos gusta mucho pero, por miedo a ser rechazados, actuamos de manera distante y sarcástica. O somos profundamente ambiciosos económicamente, pero estamos tan temerosos de intentar y fallar al iniciar un negocio propio que lo desquitamos en una abstracción que amargamente llamamos ‘capitalismo’. O nos quedamos en el trabajo día y noche, siempre quejándonos de lo ocupados que estamos, porque estar en la oficina se siente más tranquilizador que cualquier otro lugar, por razones que nos eluden.

La terapia es un entorno seguro en el cual podemos descubrir más acerca de los orígenes de nuestras defensas, e idealmente, para deshacernos de algunas de ellas para poder llevar una vida más expuesta y a la vez más satisfactoria. Pagamos un precio demasiado alto por la aparente ‘seguridad’ de estas defensas: el costo de protegernos en un área es siempre una incapacidad en muchas otras.

El comportamiento defensivo requiere terapia, más que sólo una buena dosis de sentido común, porque nos aseguramos de negar nuestras maniobras si alguien las descubre de una manera demasiado directa. Ordenar nuestras energías para hacer frente a los aspectos más difíciles de nuestra conducta es una tarea ardua. Insistimos en querer culpar a otras personas o huir.  El terapeuta nos mantiene útilmente atados al tema que nos concierne, por el tiempo que sea necesario para que lleguemos a ser un poco más honestos y valientes con nosotros mismos.

Tres: La terapia fomenta una voz interior sensata

En el curso de nuestras vidas estaremos expuestos sin duda a un elenco de terribles modelos a seguir, y estamos en riesgo de internalizar su inútil (pero potente) manera de ver la vida. Los comentarios críticos y ofensivos de un grupo en la escuela se alojan en nuestra imaginación, así que seguimos escuchando los ecos de esos comentarios corrosivos (pero atractivos para nosotros) décadas después. Nuestra hostigada y apurada madre que no pudo darnos suficiente atención en momentos clave hace treinta y cinco años se convierte en nuestro molde imaginario de la comunicación íntima: las personas sólo se medio escuchan entre sí, siempre tendrán cosas más importantes que hacer que pasar tiempo con nosotros… O podría ser un padre malhumorado, quién nunca estuvo muy impresionado con nosotros, de quien internalizamos la idea de que las figuras de autoridad están siempre observando críticamente para ver cuando fallamos.


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Estas voces punitivas y debilitantes nos empujan hacia formas inútiles de interpretar nuestras experiencias. Soy asqueroso, nos decimos. En nuestras mentes escuchamos: por supuesto que fallé, obviamente esa persona no estará interesada en mi, no tengo ninguna oportunidad, tengo que dejar la sala impecable, sólo las peores personas dejan esas cosas hasta la mañana, sólo un desquiciado pensaría en eso durante el sexo…

Una de las tareas clave del terapeuta es exponernos con suficiente frecuencia a una perspectiva más sensata, respetuosa, razonable y realista que la nuestra. La esperanza es que no tendremos que depender de su presencia para siempre. Una versión buena del temprano y dañino proceso de internalización puede ocurrir, idealmente. La bondadosa y sabia voz del terapeuta debería convertirse en la nuestra. Deberíamos empezar a intuir lo que él o ella nos dirían en una situación determinada, y cuando ya no están, en momentos de crisis y soledad, podemos aprender a decirnos algunas de esas cosas importantes, apacibles y amables a nosotros mismos.

Cuatro: La terapia ayuda a las parejas a escucharse entre si.

Las relaciones pueden convertirse en concursos de gritos. Ambas partes están furiosas y listas para lastimar, con todo, ambos también están demasiado ofendidos para escuchar. En situaciones tan caóticas, un terapeuta puede convertirse en un moderador sabio, permitiendo que cada persona diga lo que tiene que decir, apoyando a ambas partes, sin tomar partido. La terapia se convierte en un seguro y diplomático camino alterno, lejos de la guerra declarada de la vida doméstica. El terapeuta puede ayudar a la pareja a ver que detrás de la furia de una persona existe dolor y una historia de traición. O podría hacer que alguno de ellos se de cuenta de lo que se siente ser el que recibe un silencio hostil o cuestionamientos controladores. Él o ella pueden mantener a ambas partes lejos de sus gargantas por el tiempo suficiente para que puedan empezar a entender por lo que está pasando su previamente caricaturizado oponente.


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Todo esto podría parecer muy alejado del romanticismo, pero si por romántico uno quiere decir comprometido con el desarrollo y el crecimiento del amor, entonces no puede haber nada más romántico que atender los resentimientos de una pareja antes de que éstos hayan corroído toda capacidad de deseo y ternura.

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Lejos de ser una auto-indulgencia, someterse a terapia es una de las cosas más generosas que podríamos hacer por todos los que viven a nuestro alrededor. Quienes han pasado tiempo en terapia son, si el proceso ha funcionado aunque sea moderadamente bien, mucho menos peligrosos de tener cerca: un poco más capaces de advertir a aquellos que dependen de ellos de lo frustrantes y peculiares que pueden ser a veces. Nos lo debemos a nosotros mismos, y no menos importante, a los que nos aman, el tener el valor en nuestras manos de ir a “hablar con alguien” inmediatamente.

Los Grandes Filósofos 3: Epicuro

El filósofo de la Antigua Grecia Epicuro nació en 341 a.C., en la isla de Samos, a pocos kilómetros de la costa de lo que hoy es Turquía. Tenía una barba inusualmente larga, escribió más de trescientos libros y fue uno de los filósofos más famosos de su época.

Lo que lo hizo famoso fue su enfoque hábil e implacable sobre un tema en particular: la felicidad. Anteriormente, los filósofos habían querido saber cómo ser bueno; Epicuro insistió en que quería centrarse en cómo ser feliz.

Pocos filósofos habían admitido de manera tan franca y realista sus intereses. Esto sorprendió a muchos, sobre todo cuando se enteraron de que Epicuro había fundado una Escuela para la Felicidad. La idea de lo que estaba pasando en el interior era a la vez totalmente sorprendente y profundamente provocativa. Algunos Epicúreos descontentos hicieron algunas filtraciones perjudiciales sobre lo que pasaba en la escuela. Timócrates dijo que Epicuro tenía que vomitar dos veces al día porque pasaba todo su tiempo en un sofá mientras un grupo de esclavos lo alimentaba con carnes y pescados finos. Y Dimotius, el Estoico, publicó cincuenta cartas lascivas que dijo habían sido escritas por Epicuro para sus jóvenes estudiantes cuando estaba borracho y sexualmente obsesionado. Es debido a tales habladurías que aún ahora utilizamos a veces el adjetivo ‘Epicúreo’ para describir lujo y decadencia.

Pero éstas asociaciones son infundadas. La verdad sobre Epicuro es mucho menos sensacional, pero mucho más interesante. El filósofo griego realmente se centraba en la felicidad y el placer, pero no tenía ningún interés en las comidas finas o en las orgías. Poseía sólo dos túnicas y vivía a base de pan, aceitunas y, como premio, la ocasional rebanada de queso. En vez de eso, después de haber estudiado pacientemente la felicidad por muchos años, Epicuro llegó a una serie de conclusiones notables y revolucionarias sobre lo que realmente necesitamos para ser felices, conclusiones totalmente en desacuerdo con las suposiciones de su era… y de la nuestra.

Epicuro propuso que normalmente cometemos tres errores cuando pensamos en la felicidad.

1 Creemos que necesitamos relaciones románticas

Entonces, como ahora, la gente estaba obsesionada con el amor. Pero Epicuro observó que la felicidad y el amor (sin mencionar el matrimonio) casi nunca van de la mano. Hay demasiados celos, incomprensión y amargura. El sexo siempre es complicado y rara vez en armonía con el afecto. Sería mejor, concluyó Epicuro, no poner demasiada fe en las relaciones. Por el contrario, destacó lo gratificante que son la mayoría de las amistades: en ellas somos educados, buscamos acuerdos, no regañamos ni nos regañan y no somos posesivos. Pero el problema es que no vemos lo suficiente a nuestros amigos. Le damos prioridad a la familia y el trabajo, no tenemos tiempo, viven muy lejos. 


2 Creemos necesitar mucho de dinero

Entonces, como ahora, la gente estaba obsesionada por su carrera, motivada por el deseo de dinero y aplausos. Pero Epicuro hizo énfasis en las dificultades del empleo: los celos, las habladurías y las ambiciones frustradas.


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Lo que hace que el trabajo sea en verdad satisfactorio, creía Epicuro, es cuando podemos trabajar ya sea solos o en grupos muy pequeños y cuando percibimos el trabajo como significativo, cuando sentimos que estamos ayudando a los demás de alguna forma o que estamos haciendo cosas que mejoran el mundo. En realidad no es dinero o prestigio lo que queremos, es sentirnos realizados a través de nuestro trabajo.

3 Ponemos demasiada fe en los lujos

Soñamos con lo lujoso: una hermosa casa, habitaciones elegantes y vistas agradables. Imaginamos viajes a lugares idílicos, donde podemos descansar y dejar que otros nos cuiden…


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Pero Epicuro no estaba de acuerdo con nuestros anhelos. Más allá de la fantasía del lujo, él creía que lo que realmente queremos es calma. Sin embargo, no es posible que la calma surja simplemente por el cambio de vista o por ser dueños de una hermosa casa.

La calma es una cualidad interna que es el resultado del análisis: llega cuando tamizamos nuestras preocupaciones y las entendemos correctamente. Por lo tanto, necesitamos tiempo suficiente para leer, escribir y, sobre todo, para beneficiarnos de la ayuda regular de un buen oyente: una persona comprensiva, amable y lista que en tiempos de Epicuro habría sido un filósofo y a quien ahora llamaríamos  terapeuta.

Con su análisis de la felicidad a la mano, Epicuro hizo tres innovaciones importantes:


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– En primer lugar, decidió que viviría con sus amigos. Basta ya de verlos sólo de vez en cuando. Compró una modesta parcela de tierra en las afueras de Atenas y construyó un lugar donde él y sus amigos pudieran vivir lado a lado de manera permanente. Todos tenían su habitación y había áreas comunes en la planta baja y en los terrenos.  De esta manera, los residentes estarían siempre rodeados de personas que compartían perspectivas, eran entretenidos y amables. Los niños eran atendidos en rotación. Todos comían juntos. Uno podía hablar en los pasillos por la noche. Fue la primera verdadera comuna en el mundo.

– En segundo lugar, todos los miembros de la comuna dejaron de trabajar para otras personas. Ellos aceptaron recortes en sus ingresos a cambio de poder enfocarse en un trabajo satisfactorio. Algunos de los amigos de Epicuro se dedicaron a la agricultura, otros a la cocina, unos pocos a hacer muebles y arte. Tenían mucho menos dinero, pero también una amplia satisfacción intrínseca.


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– Y en tercer lugar, Epicuro y sus amigos se dedicaron a la búsqueda de la calma a través del análisis racional y el entendimiento. Pasaban periodos de cada día reflexionando sobre sus ansiedades, mejorando el entendimiento de sus psiques e instruyéndose en las grandes preguntas de la filosofía.

El experimento de Epicuro sobre como vivir se puso de moda. Se inauguraron comunidades Epicúreas por todo el Mediterráneo y atrajeron a miles de seguidores. Los centros prosperaron durante generaciones, hasta que fueron brutalmente suprimidos por una celosa y agresiva Iglesia Cristiana en el siglo V. Pero incluso entonces, su esencia sobrevivió al convertirse muchos de ellos en monasterios.

La influencia de Epicuro continúa en la edad moderna. Karl Marx hizo su tesis doctoral sobre él y lo consideraba su filósofo favorito. Lo que llamamos Comunismo es en el fondo sólo una versión más grande (y bastante más autoritaria y funesta) del Epicureanismo.

Incluso hoy en dia, Epicuro sigue siendo una guía indispensable en las sociedades capitalistas consumistas avanzadas porque la publicidad (sobre la cual se basa este sistema) funciona al confundir hábilmente a las personas sobre lo que piensan que necesitan para ser felices.

Un extraordinario número de anuncios se centran justamente en las tres cosas que Epicuro identificó como falsos señuelos de la felicidad: el amor romántico, el estatus profesional y el lujo.


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Los anuncios no funcionarían tan bien como lo hacen si no operasen con un sentido preciso de lo que son nuestras necesidades reales. Sin embargo, mientras nos emocionan evocándolas, se niegan a satisfacerlas apropiadamente. Los anuncios de cerveza nos muestran grupos de amigos abrazándose, pero sólo para vendernos alcohol (que podríamos terminar bebiendo solos). Los anuncios de relojes de lujo nos muestran a profesionales de estatus alto caminando decididamente a la oficina, pero no saben cómo responder al deseo de un trabajo intrínsecamente satisfactorio. Y los anuncios de playas tropicales pueden provocarnos con su serenidad, pero no pueden, por su cuenta, darnos la verdadera calma que anhelamos.

Epicuro nos invita a cambiar nuestra propia comprensión de nosotros y a alterar la sociedad en consecuencia. No debemos agotarnos a nosotros mismos y al planeta en una carrera por cosas que no es posible que nos satisfagan, incluso si las conseguimos. Necesitamos regresar a la filosofía y a ser mucho más serios con el asunto de ser felices.

Artículo Original en The Philosopher’s Mail

Los Grandes Filósofos 2: Los Estoicos

 

El ‘Estoicismo’ era una filosofía que floreció durante unos 400 años en la antigua Grecia y Roma, obteniendo un amplio apoyo entre todas las clases sociales. Tenía una inmensa y muy práctica ambición: enseñar a la gente a ser calmada y valiente al enfrentar la abrumadora ansiedad y el dolor.

Todavía honramos a esta escuela cada vez que llamamos a alguien “estoico” o simplemente “filosófico” cuando el destino se vuelve en su contra: cuando pierde sus llaves, es humillado en el trabajo, rechazado en el amor o avergonzado ante la sociedad. De todas las filosofías, el Estoicismo sigue siendo tal vez la más inmediatamente relevante y útil para nuestros tiempos de incertidumbre y pánico.

Muchos cientos de filósofos practicaron el estoicismo, pero dos figuras destacan como los mejores guías del mismo: el político romano, escritor y tutor de Nerón, Séneca [4-65 d.C.]; y el generoso y magnánimo Emperador Romano (quien filosofaba en su tiempo libre, mientras luchaba contra las hordas germánicas en los bordes del Imperio), Marco Aurelio [121-180 d.C.].Sus obras siguen siendo muy leíbles y profundamente consoladoras, ideales para esas noches de insomnio, tierra fértil para terrores fugitivos y paranoia.

El estoicismo nos puede ayudar con cuatro problemas en particular:

1 Ansiedad

En todo momento, muchas cosas terribles podrían suceder. La manera estándar en que la gente nos levanta el ánimo cuando estamos sumidos en la ansiedad es que nos digan que, después de todo, estaremos bien: ese correo electrónico embarazoso podría no ser descubierto, las ventas podrían despegar, puede que no haya escándalo…

Pero los estoicos se opusieron amargamente a esta estrategia, porque creían que la ansiedad florece en esa brecha entre lo que tememos que puede pasar y lo que esperamos que pase.  Cuanto más grande sea la brecha, mayores serán las oscilaciones y perturbaciones del estado de ánimo.

Para recuperar la calma, lo que tenemos que hacer es aplastar sistemática e inteligentemente hasta el último vestigio de esperanza. En lugar de apaciguarnos con cuentos alegres, es mucho mejor (proponían los Estoicos) llegar valientemente a un acuerdo con las peores posibilidades y luego sentirnos completamente cómodos con ellas. Cuando miramos a nuestros miedos a la cara e imaginamos cómo sería la vida si se hicieran realidad, nos enfrentamos a una conclusión fundamental: saldremos adelante. Saldremos adelante, incluso si vamos a la cárcel, incluso si perdemos todo nuestro dinero, incluso si fuéramos humillados públicamente, incluso si nuestros seres queridos se van, e incluso si el tumor resultó ser maligno (los Estoicos creían firmemente en el suicidio).

Por lo general no nos atrevemos más que a dar un vistazo con los ojos entrecerrados a las horribles eventualidades y, por lo tanto, éstas nos mantienen constantemente en sus sádicas garras. En cambio, como Séneca lo expresó: “Para reducir tu preocupación, debes asumir que lo que temes que pueda suceder es seguro que va a suceder.” A un amigo sacudido por el terror de que podría ser enviado a prisión, Seneca le respondió sin rodeos: ‘La prisión siempre podrá ser soportada por alguien que ha entendido correctamente la existencia’.

Los Estoicos sugirieron que nos tomemos un tiempo para practicar con escenarios del peor de los casos. Deberíamos, por ejemplo, marcar una semana al año durante la cual comamos sólo pan duro y durmamos en el piso de la cocina con sólo una sábana, así dejaríamos ser tan temerosos por ser despedidos o encarcelados.

Entonces nos daremos cuenta, como dice Marco Aurelio, que ‘se necesita muy poco para tener una vida feliz. ‘

Cada mañana, un buen Estoico emprenderá una praemeditatio, una premeditación de todas las cosas terribles que podrían ocurrir en las próximas horas. En las duras palabras de Marco Aurelio: ‘Mortal has nacido, has engendrado mortales. Por lo que debes considerar todo, esperarlo todo. ‘

El Estoicismo es nada menos que un elegante e inteligente ensayo general de la catástrofe.

2 Furia

Nos enojamos, especialmente con nuestros compañeros, nuestros hijos, y los políticos. Rompemos cosas y lastimamos a otros. Los estoicos pensaban en la ira como una indulgencia peligrosa, pero más que nada, como una estupidez, ya que, en su análisis, los ataques de ira son causados por una sola cosa: una imagen errónea de la existencia. Son los amargos frutos de la ingenuidad.

La ira es, en el análisis Estoico, causada por el choque violento entre la esperanza y la realidad. No gritamos cada vez que algo triste nos pasa, sólo cuando es triste e inesperado. Para ser mas calmados, debemos, por lo tanto, aprender a esperar menos de la vida. Por supuesto que nuestros seres queridos nos decepcionarán, naturalmente, nuestros colegas nos fallarán, invariablemente, nuestros amigos nos mentirán… Nada de esto debería sorprendernos. Puede que nos ponga tristes. Nunca debe (si somos Estoicos) hacernos enojar.

El sabio debe aspirar a alcanzar un estado donde simplemente nada pueda perturbar súbitamente su paz mental. Cada tragedia debería ya haber sido apreciada. ‘¿Qué necesidad de llorar en cada parte? preguntó Séneca, ‘La vida entera es digna de llanto.’

3 Paranoia

Es fácil pensar que hemos sido elegidos por las cosas terribles. Nos preguntamos por qué a nosotros, nos destruimos con la culpa o le lanzamos veneno amargo al mundo.

Los Estoicos no quieren que hagamos ninguna de esas cosas: no es nuestra culpa ni la de nadie. Aunque no eran religiosos, los estoicos estaban fascinados por la Diosa Romana de la fortuna, conocida como Fortuna, a quien tomaron como la metáfora perfecta del destino. Fortuna, quien tenía santuarios dedicados a ella por todo el Imperio, era conocida popularmente por controlar el destino de los humanos, y se consideraba que era una aterradora mezcla entre la generosidad, lo azarosamente caprichoso y lo malévolo. Ella no era meritócrata. Era representada sosteniendo una cornucopia llena de regalos (dinero, amor, etc.) en una mano y un timón, para cambiar el curso de la vida, en la otra. Dependiendo de su estado de ánimo, podía tirarte un trabajo perfecto o una relación hermosa, y al minuto siguiente, simplemente porque le daba la gana, te miraba morir ahogado con una espina de pescado.


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Es una prioridad urgente para un Estoico considerar cuanto de la vida siempre estará en manos de este personaje demente. ‘No hay nada a lo que Fortuna no se atreva’, advirtió Séneca.

Entender esto con antelación debería hacernos tanto sospechar del éxito como ser más gentiles con nosotros mismos ante el fracaso. En todos los sentidos, mucho de lo que tenemos, no lo merecemos.

Por tanto, la tarea del sabio es nunca creer en los obsequios de Fortuna: la fama, el dinero, el poder, el amor, la salud, nada de eso nos pertenece nunca. Nuestra apego a ellos debe ser en todo momento ligero y profundamente cauteloso.

4 Pérdida de la Perspectiva

Por naturaleza exageramos nuestra importancia. Los incidentes de nuestras vidas abarcan una gran parte de nuestra visión del mundo. Por eso nos estresamos, entramos en pánico, maldecimos y lanzamos cosas a la pared.

Para recuperar la compostura, debemos quitarnos importancia regularmente ante nosotros mismos. Debemos renunciar a la muy normal y a la vez muy perturbadora ilusión de que en realidad importa lo que hacemos y quienes somos.


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Los estoicos eran astrónomos avezados ​​y recomendaban contemplar los cielos a todos los estudiantes de filosofía. En un paseo vespertino, ve hacia arriba y mira los planetas: verás a Venus y a Júpiter brillando en el cielo que oscurece. Si la oscuridad aumenta, es posible que veas algunas otras estrellas, Aldebaran, Andrómeda y Aries, junto a muchas más. Es un indicio de las extensiones inimaginables de espacio en todo el sistema solar, la galaxia y el cosmos. El espectáculo tiene un efecto calmante que los Estoicos veneraron, pues ante este telón de fondo, nos damos cuenta de que ninguno de nuestros problemas, desilusiones o esperanzas tienen relevancia alguna.

Nada de lo que nos pasa, o de lo que hacemos, tiene (afortunadamente) consecuencia alguna desde la perspectiva cósmica.

Conclusión:

Necesitamos a los Estoicos, más que nunca.
 
Todos los días nos enfrentamos a situaciones que ellos entendían y para las cuales querían prepararnos.

Sus enseñanzas son oscuras y sobrias, pero al mismo tiempo, profundamente consoladoras y en ocasiones bastante divertidas.

Nos invitan a sentirnos heroicos y desafiantes frente a nuestros muchos problemas.

Como Séneca nos recuerda, ‘Miren sus muñecas. Allí, en cualquier momento, se encuentra la libertad ‘.

Para contrarrestar el indignantemente alegre e ingenuo optimismo de nuestros tiempos, no hay nada mejor que la calmante sabiduría agridulce de estos antiguos sabios.

Texto original en inglés.

Los Grandes Filósofos 1: Platón

Atenas, hace 2400 años. Es un lugar compacto: alrededor de 250.000 personas viven aquí. Hay baños finos, teatros, templos, mercados y gimnasios. El arte está floreciendo y la ciencia también. Se puede conseguir pescado excelente en el puerto de El Pireo. Hace calor durante más de la mitad del año.

Este es también el hogar del primer verdadero (y probablemente el más grande) filósofo: Platón.

Nacido en una familia prominente y rica de la ciudad, Platón dedicó su vida a un objetivo: ayudar a las personas a alcanzar un estado que él llamó:

                εὐδαιμονία

Eudaimonia: esta palabra griega peculiar pero fascinante es un poco difícil de traducir: casi significa ‘felicidad’, pero es en realidad más cercana a ‘realización’, porque ‘felicidad’ sugiere alegría continua, mientras que ‘realización’ es más compatible con períodos de gran dolor y sufrimiento, que al parecer son una parte inevitable incluso de una buena vida.

¿Cómo propuso Platón hacer que la gente se sienta más realizada? Cuatro ideas centrales se destacan en su obra.

1 Piensa con más fuerza

Platón propuso que nuestras vidas van mal en gran parte debido a que casi nunca nos damos tiempo para pensar cuidadosa y lógicamente nuestros planes. Y así nos encontramos con los valores, carreras y relaciones erróneas. Platón quería traer orden y claridad a nuestras mentes.

Observó cómo muchas de nuestras ideas se derivan de lo que piensa la gente, de lo que los griegos llamaban ‘doxa’, y nosotros llamaríamos “sentido común”. Y sin embargo, en varias ocasiones, a través de los 36 libros que escribió, Platón mostró que este sentido común estaba plagado de errores, prejuicios y supersticiones. Las ideas populares sobre el amor, la fama, el dinero o la bondad, simplemente no resisten a la razón.

Platón también se dio cuenta de lo orgullosas que estaban las personas de ser guiadas por sus instintos o pasiones (tomando decisiones impulsivas basadas solamente en ‘cómo se sentían’), y comparó esto a ser arrastrado peligrosamente junto a un grupo de caballos salvajes con los ojos vendados.

Como Freud estaba feliz de reconocer, Platón fue el inventor de la terapia, insistiendo en que aprendamos a someter todos nuestros pensamientos y sentimientos a la razón. Como él escribió en varias ocasiones, la esencia de la filosofía se reduce a la orden:

γνῶθι σεαυτόν

‘Conócete a ti mismo.’

2 Ama Más Sabiamente

Platón es uno de los grandes teóricos de las relaciones. Su libro, El Simposio, es un intento de explicar lo que es realmente el amor. Cuenta la historia de una fiesta dada por Agatón, un apuesto poeta que invita a un grupo de amigos para comer, beber y hablar del amor.

Los huéspedes tienen diferentes puntos de vista acerca de lo que es el amor. Platón da a su viejo amigo Sócrates (uno de los principales personajes de este y todos sus libros) la teoría más útil e interesante. Dice así: cuando te enamoras, lo que realmente está sucediendo es que has visto en otra persona alguna buena cualidad que tu no tienes. Tal vez él o ella son calmados, mientras que tu eres nervioso; o que ellos son disciplinados, mientras que tu eres muy desordenado; o ellos son elocuentes y a ti se te traba la lengua.

La fantasía subyacente del amor es que, al acercarse a estas personas, puedes convertirte un poco en como son ellos. Ellos pueden ayudarte a crecer a tu máximo potencial.

A los ojos de Platón, el amor es, en esencia, un tipo de educación: realmente no sería posible amar a alguien sin querer ser mejorado por ellos. El amor debe ser entre dos personas que tratan de crecer juntas, y de ayudarse entre ellos para hacerlo. Lo que significa que necesitas hacer pareja con la persona que tiene esa pequeña pieza que hace falta en tu evolución: las virtudes que no tienes.

Esto suena totalmente extraño hoy en día en que tendemos a interpretar el amor como encontrar a alguien perfecto tal y como es. Al calor de la discusión, los amantes a veces se dicen: “Si me amaras, no me tratarías de cambiar. “

Platón piensa lo diametralmente opuesto. Él quiere que entremos a las relaciones de una manera mucho menos combativa y orgullosa. Debemos aceptar que no estamos completos y permitir que nuestros amantes nos enseñen cosas. Una buena relación tiene que significar que no vamos a amar a la otra persona tal y como es. Significa comprometerse a ayudar a que se convierta en una mejor versión de sí misma, a soportar los pasajes tormentosos que esto implica inevitablemente, y al mismo tiempo a no resistir sus intentos por mejorarnos a nosotros.

3 La importancia de la belleza

A todos (prácticamente) nos gustan las cosas bellas. Pero tendemos a pensar en ellas como algo un tanto misterioso por el poder que ejercen sobre nosotros y que, en el gran esquema, no son terriblemente importantes.

Pero Platón propuso que realmente importa qué tipo de casas o templos, ollas o esculturas tienes a tu alrededor.

Nadie antes de Platón había hecho la pregunta clave: ¿por qué nos gustan las cosas bonitas? Él encontró una razón fascinante: reconocemos en ellas una parte de ‘lo bueno’.

Hay un montón de cosas buenas que aspiramos ser: amables, gentiles, armónicos, equilibrados, tranquilos, fuertes, dignos. Estas son cualidades en las personas. Pero también son cualidades en los objetos. Nos conmocionamos y emocionamos cuando encontramos en los objetos las cualidades que necesitamos pero que no están presentes en nuestras vidas.

Por lo tanto, los objetos bonitos tienen una función muy importante. Nos invitan a evolucionar en su dirección, a ser como ellos son. La belleza puede educar a nuestras almas.

De ello se desprende que la fealdad es un asunto serio también, pues presenta características peligrosas y dañinas ante nosotros. Nos anima a ser semejantes a eso: duros, caóticos, arrogantes. Esto hace que sea mucho más difícil ser sabio, amable y tranquilo.

Platón considera el arte como terapéutica: es el deber de los poetas y pintores (y hoy en día, novelistas, diseñadores y productores de televisión) ayudarnos a vivir una buena vida.

Platón creía en la censura de las artes. No es la paradoja que parece. Si los artistas nos pueden ayudar a vivir bien, pueden, por desgracia, igualmente dar prestigio y glamour a actitudes e ideas inútiles. Sólo por ser artista no garantiza que el poder del arte se utilizará sabiamente.

Es por eso que Platón creía que los artistas deberían trabajar bajo el mando de los filósofos, quienes les darían las ideas correctas y pedirían que las hagan convincentes y populares. El arte tendría que ser una especie de propaganda (o publicidad) para el bien.

4 Cambiando la sociedad

Platón pasó mucho tiempo pensando en cómo el gobierno y la sociedad deberían ser idealmente.Él fue el primer pensador utópico del mundo.

En esto, él se inspiró en el gran rival de Atenas: Esparta. Ésta era una máquina del tamaño de una ciudad para crear grandes soldados. Todo lo que los Espartanos hacían (la forma en que criaban a sus hijos, cómo se organizaba su economía, a quienes admiraban, la forma en que tenían relaciones sexuales, lo que comían)  estaba diseñado con ese objetivo. Y Esparta tuvo un gran éxito, desde un punto de vista militar.

Pero eso no le interesaba a Platón. Él quería saber: ¿cómo podría una sociedad mejorar en la producción, no de poder militar sino de eudaimonia? ¿Cómo podría ayudar de forma fiable a las personas hacia la realización personal?

En su libro, La República, Platón identifica una serie de cambios que se deberían hacer:

a) Necesitamos nuevos héroes

La sociedad ateniense estaba muy centrada en los ricos, como los aristócratas Alcibíades y celebridades deportivas como el boxeador Milón de Crotona. Platón no estaba impresionado: realmente importa a quienes admiramos, ya que las celebridades influyen en nuestras perspectivas, ideas y conducta. Y los malos héroes dan glamour a los defectos de carácter.

Por lo tanto, Platón quiso dar a Atenas nuevas celebridades, reemplazando la actual cosecha con personas idealmente sabias y buenas, las llamó Guardianes: modelos para el buen desarrollo de todos. Estas personas se distinguirían por su trayectoria de servicio público, su modestia, sus hábitos sencillos, su aversión a la fama y por su amplia y profunda experiencia. Ellos serían las personas más honradas y admiradas en la sociedad.

b) Necesitamos la censura

Hoy en día la censura nos angustia. Pero Platón estaba preocupado por el tipo equivocado de libertad: Atenas era una batalla campal para los peores vendedores de opinión. Nociones religiosas alocadas e ideas que suenan dulces pero que son peligrosas absorbieron el entusiasmo de las masas y llevaron a Atenas a tener gobiernos desastrosos y guerras equivocadas (cómo un fatídico ataque a Esparta).

La exposición continua a una tormenta de voces confusas era (de acuerdo con Platón) realmente mala para nosotros, así que quería limitar las actividades de los oradores públicos y predicadores peligrosos. Él, en la actualidad, habría sido muy escéptico sobre el poder de los medios de comunicación.

c) Mejor Educación

Platón creía apasionadamente en la educación, pero quería cambiar el enfoque del plan de estudios. La principal cosa que necesitamos aprender no es sólo matemáticas u ortografía, sino cómo ser buenos: necesitamos aprender sobre el valor, el autocontrol, la racionalidad, la independencia y la calma.

Para poner esto en práctica, Platón fundó una escuela llamada La Academia de Atenas, que floreció durante más de 400 años. Asistías ahí para aprender nada menos que la manera vivir y morir bien.

Es fascinante y no poco triste ver cómo las instituciones académicas modernas han proscrito esta ambición. Si hoy en día un estudiante se presentara en las universidades de Oxford o Harvard buscando que le enseñen cómo vivir, los profesores llamarían a la policía, o al manicomio.

d) Mejores infancias

Las familias hacen todo lo posible, y a veces los niños corren con suerte. Sus padres son equilibrados, buenos educadores, confiables, maduros y sabios. Pero muy a menudo los padres transmiten sus confusiones y fallas a sus hijos.

Platón pensaba que educar bien a los hijos era una de las más difíciles (y más necesarias) habilidades. Él era sumamente compasivo con los niños que están atrapados en un mal ambiente familiar.

Así que él propuso que muchos niños, de hecho, estarían mejor si pudieran obtener su visión de la vida no de sus padres sino de guardianes sabios, pagados por el Estado. Propuso que una parte considerable de la próxima generación sería criada por personas mejor preparadas que sus propios padres.

Conclusión

Las ideas de Platón siguen siendo profundamente provocadoras y fascinantes. Lo que las une es su ambición y su idealismo. Él quería que la filosofía fuera una herramienta para ayudar a cambiar el mundo. Deberíamos seguir siendo inspirados por su ejemplo.

Artículo original: http://thephilosophersmail.com/virtues/the-great-philosophers-1-plato/

Pascua para ateos – por Alain de Botton

Tal vez la pregunta más aburrida que uno puede dirigir a una religión es si es o no ‘verdadera’. Por supuesto (esta publicación cree), que ninguna de sus afirmaciones sobrenaturales podrían ser nunca ‘verdaderas’ – pero eso no puede ser una razón para descartar la religión en su totalidad, al igual que uno no ignora Anna Karenina con el argumento de que la historia ha sido inventada. Las religiones son en ocasiones demasiado interesantes, sabias y consoladoras como para dejarlas sólo a los ‘creyentes’.

Para los cristianos, estos son los días mas oscuros. La Pascua conmemora un incidente de una pérdida catastrófica. La historia es triste en extremo: él era gentil, generoso, sincero y sabio. Él estaba cerca de su madre, era amigo de los pobres y de los que están solos, creía en el amor y el perdón. Él entendió el sufrimiento y quería hacer un mundo mejor. Y sin embargo, todo terminó en humillación, traición y dolor insoportable. Uno de sus mejores amigos lo denunció, fue juzgado bajo cargos falsos, su comunidad lo abandonó y las multitudes lo abuchearon.

La vida no podría ir peor

Jesús de Nazaret fue clavado en una cruz y abandonado a morir. Él sufrió el destino de un criminal y un paria.  Y (durante mucho tiempo), en realidad a nadie le importó.

Quién sabe si en realidad todo sucedió así,  pero ese no es realmente el punto. La veracidad de la historia no es el factor decisivo. El claramente no era ‘el hijo de Dios’, pero la historia, sin embargo, conserva un poder fundamental para educar al mundo moderno sobre una o dos cosas importantes.

Jesús es un personaje simbólico, un ser humano representativo. Nadie es como él todo el tiempo, pero la mayoría de nosotros somos un poco como él, una parte del tiempo. La historia de su sufrimiento es una versión que exagera estrategicamente las tristezas que se presentan en la experiencia humana en general. Ocurren cosas terribles. Diagnostican cáncer, un divorcio destruye a una familia, una empresa quiebra, un error común desencadena una calamidad, un padre muere antes de que su hijo logre descifrar lo que podría significar para él.   

Colocar la historia de la Crucifixión para la contemplación regular hace que los escenarios más dolorosos se sientan más familiares y más normales; pruebas severas y períodos de miseria están escritos en el contrato de la vida.

Sin embargo, en muchas de las narrativas individualistas actuales, la derrota sólo puede explicarse por la debilidad o la estupidez de una persona. Los que fallan son cruelmente descritos como ‘perdedores’. Se nos dice que nos merecemos nuestro destino. En un contexto tan punitivo, la historia de la crucifixión emerge ofreciendo un mapa más soportable e indulgente de la vida.

Fue una genialidad del Cristianismo insistir en hacer de su figura central una persona ‘normal’, no una deidad idealizada y todopoderosa, sino un personaje expuesto a toda indignidad disponible – y, al mismo tiempo, insistir en su condición: tanto de rey de reyes como de un perdedor ordinario. Este fue un movimiento verdaderamente revolucionario con un mensaje profundamente consolador en su corazón.

¿Cuál es el sello de una buena vida? ¿Quién debe ser considerado como un éxito? La Pascua ofrece una respuesta sorprendente y útil: el éxito no se trata del triunfo mundano obvio, se trata de desarrollar la capacidad de utilizar el propio sufrimiento como un camino hacia la compasión por los demás.

Existe un segundo lado de la historia de la Pascua. La crucifixión se presenta como algo horrible, pero la catástrofe se convierte en una ocasión para promover el perdón y no venganza.

Perdónalos, no saben lo que hacen

Los guardias romanos y las multitudes crueles están haciendo algo terrible en la imagen de arriba,  pero Jesús no está desesperado por dañarlos también. No es porque sea débil, es porque él tiene una idea inusual acerca de porqué las cosas van mal en el corazón de las personas.

Entre las últimas palabras que Jesús estaba destinado a decir antes de morir estuvo la súplica: “Perdónalos, no saben lo que hacen” En esto radica la fascinante sugerencia de que la crueldad es un síntoma de falta de amor y comprensión, no es la verdad última acerca de nadie. Las personas que disfrutan trayendo dolor a otros es porque ellos mismos están traumatizados, no porque sean inhumanos. No están totalmente al mando de sí mismos. El hombre que se burla entre la multitud es él mismo víctima de horrores pasados que ameritarían – si encontráramos entendimiento en nuestros corazones – lástima en vez de rabia.


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Una forma de practicar para tiempos difíciles

Una buena sociedad entiende que no podemos encontrar la manera de vivir sin ayuda. Necesitamos modelos ejemplares, guías para mostrarnos cómo podemos manejar el dolor y responder a los insultos y la traición – y esto coloca figuras ante nosotros para nuestro consuelo y edificación. La narrativa cristiana de la Pascua es un cuento pedagógico ejemplar. Tal vez no debería preocuparnos tanto si la historia es exactamente ‘verdad’. Lo que importa más es si es útil o no.

(Traducido por orkusmv, artículo original: http://www.philosophersmail.com/utopia/easter-for-atheists/)

10 Mitos y 10 Verdades Acerca del Ateísmo

10 Mitos y 10 Verdades Acerca del Ateísmo

Por Sam Harris

Diario Los Angeles Times

Varias encuestas indican que el término “ateísmo” ha adquirido un estigma tan extraordinario en los Estados Unidos que ser ateo es ahora un impedimento perfecto para una carrera en la política (de una manera que el ser negro, musulmán u homosexual no lo es). De acuerdo con una reciente encuesta de Newsweek, sólo el 37% de los estadounidenses votaría por un ateo que reúna los requisitos para la presidencia.

A menudo se imagina que los ateos son intolerantes, inmorales, deprimidos, ciegos a la belleza de la naturaleza y dogmáticamente cerrados a evidencias de lo sobrenatural.

Incluso John Locke, uno de los grandes patriarcas de la Ilustración, creía que el ateísmo no debería “ser tolerado en absoluto” porque, decía, “las promesas, pactos y juramentos, que son los lazos de las sociedades humanas, no pueden ser sostenidos por un ateo. ”

Eso fue hace más de 300 años. Pero en los Estados Unidos hoy en día, poco parece haber cambiado. Un notable 87% de la población afirma “nunca poner en duda” la existencia de Dios, y menos del 10% se identifican como ateos, y su reputación parece deteriorarse cada vez más.

Dado que sabemos que los ateos suelen ser las personas más inteligentes e instruidas científicamente en cualquier sociedad, parece importante desinflar los mitos que les impiden jugar un papel más importante en nuestro discurso nacional.

1) Los ateos creen que la vida no tiene sentido.

Al contrario, las personas religiosas a menudo se preocupan de que la vida no tiene sentido y se imaginan que sólo puede ser redimida por la promesa de la felicidad eterna más allá de la tumba. Los ateos tienden a estar bastante seguros de que la vida es preciosa. La vida está llena de significado al ser real y plenamente vivida. Nuestras relaciones con las personas que amamos son significativas ahora, no tienen por qué durar por siempre para que lo sean. Los ateos tienden a encontrar este miedo a la falta de sentido … bueno … sin sentido.

2) El ateísmo es responsable de los mayores crímenes de la historia humana.

La gente de fe a menudo afirma que los crímenes de Hitler, Stalin, Mao y Pol Pot fueron el producto inevitable de la incredulidad. El problema con el fascismo y el comunismo, sin embargo, no es que son muy críticos de la religión, el problema es que se parecen demasiado a las religiones. Estos regímenes son dogmáticos hasta la médula y generalmente dan lugar a cultos a la personalidad que son indistinguibles de los cultos de adoración al héroe religioso. Auschwitz, el Gulag y los campos de la muerte no fueron ejemplos de lo que sucede cuando los seres humanos rechazan el dogma religioso; son ejemplos de dogma político, racial y nacionalista fuera de control. No hay ninguna sociedad en la historia de la humanidad que haya sufrido porque su gente se volvió demasiado razonable.

3) El ateísmo es dogmático.

Judios, cristianos y musulmanes afirman que sus escrituras vaticinan de tal forma las necesidades de la humanidad que sólo podrían haber sido escritas bajo la dirección de una deidad omnisciente. Un ateo es simplemente una persona que ha tenido en cuenta esta afirmación, ha leído los libros y ha encontrado que la afirmación es ridícula. Uno no tiene que tener fe en nada, o ser de otro modo dogmático para rechazar creencias religiosas injustificadas. Como el programador Stephen F. Roberts dijo una vez: “Sostengo que ambos somos ateos. Sólo que yo creo en un dios menos que usted. Cuando usted entienda por qué descarta a todos los otros dioses posibles, entenderá por qué yo descarto al suyo “.

4) Los ateos piensan que todo en el universo surgió por azar.

Nadie sabe por qué el universo llegó a existir. De hecho, no está del todo claro que se pueda hablar coherentemente de “principio” o “creación” del universo en absoluto, ya que estas ideas invocan el concepto de tiempo, y aquí estamos hablando sobre el origen del espacio-tiempo en sí mismo .

La noción de que los ateos creen que todo fue creado por casualidad también es regularmente usada como una crítica a la evolución Darwiniana. Como Richard Dawkins explica en su maravilloso libro “El espejismo de Dios”, esto representa un total malentendido de la teoría evolutiva. Aunque no sabemos con precisión cómo la química temprana de la Tierra engendró vida, sabemos que la diversidad y la complejidad que vemos en el mundo de los seres vivos no es producto de la casualidad. La evolución es una combinación de mutaciones al azar y selección natural. Darwin llegó a la frase “selección natural” por analogía con la “selección artificial”, llevada a cabo por los criadores de ganado. En ambos casos, la selección ejerce un efecto altamente no aleatorio en el desarrollo de cualquier especie.

5) El ateísmo no tiene ninguna conexión con la ciencia.

A pesar de que es posible ser científico y todavía creer en Dios (como algunos científicos parecen ingeniársela) no hay duda de que un compromiso con el pensamiento científico tiende a erosionar, en lugar de apoyar, la fe religiosa. Tomando la población de los EE.UU. como un ejemplo: La mayoría de las encuestas muestran que cerca del 90% de la población cree en un Dios personal, sin embargo el 93% de los miembros de la Academia Nacional de Ciencias no lo creen. Esto sugiere que hay pocos modos de pensar menos simpatizantes con la fe religiosa que la ciencia.

6) Los ateos son arrogantes.

Cuando los científicos no saben algo (como por qué el universo llegó a existir o cómo las primeras moléculas auto-replicantes se formaron) lo admiten. Fingir saber cosas que no se saben es una profunda desventaja en la ciencia. Y sin embargo eso es la sangre vital de la religión basada en la fe. Una de las ironías monumentales del discurso religioso se puede encontrar en la frecuencia con que las personas de fe se ensalzan por su humildad, mientras afirman conocer hechos sobre cosmología, química y biología que ningún científico sabe. Al considerar las preguntas sobre la naturaleza del cosmos y nuestro lugar en él, los ateos tienden a extraer sus opiniones de la ciencia. Esto no es arrogancia; es honestidad intelectual.

7) Los ateos están cerrados a la experiencia espiritual.

No hay nada que impida a un ateo experimentar amor, arrebato, éxtasis y asombro; los ateos pueden valorar estas experiencias y buscarlas en forma regular. Lo que los ateos no tienden a hacer es decir afirmaciones injustificadas (e injustificables) sobre la naturaleza de la realidad basándose en esas experiencias. No hay duda de que algunos cristianos han transformado sus vidas para bien leyendo la Biblia y orando a Jesús. ¿Qué prueba esto? Esto prueba que ciertas disciplinas de atención y códigos de conducta pueden tener un profundo efecto sobre la mente humana. ¿Las experiencias positivas de los cristianos sugieren que Jesús es el único Salvador de la humanidad? Ni remotamente, porque Hindúes, Budistas, Musulmanes e incluso ateos regularmente tienen experiencias similares.

No existe, de hecho, ningún cristiano en la Tierra que pueda tener la certeza de que Jesús usaba barba, y mucho menos que haya nacido de una virgen o resucitado de entre los muertos. Éstas simplemente no son el tipo de afirmaciones que la experiencia espiritual puede autenticar.

8) Los ateos creen que no hay nada más allá de la vida humana y el entendimiento humano.

Los ateos son libres de reconocer los límites de la comprensión humana de una manera en que las personas religiosas no lo son. Es obvio que no entendemos el universo por completo, pero es aún más obvio que ni la Biblia ni el Corán reflejan nuestra mejor comprensión del mismo. No sabemos si hay vida compleja en algún otro lugar en el cosmos, pero podría ser. Si es así, estos seres podrían haber desarrollado una comprensión de las leyes de la naturaleza que supera con mucho la nuestra. Los ateos libremente pueden contemplar tales posibilidades. También pueden admitir que si existen los extraterrestres brillantes, el contenido de la Biblia y el Corán será aún menos impresionante para ellos que para los ateos humanos.

Desde el punto de vista ateo, las religiones del mundo trivializan completamente la verdadera belleza e inmensidad del universo. Uno no tiene que aceptar nada basándose en evidencia insuficiente para hacer tal observación.

9) Los ateos ignoran el hecho de que la religión es muy beneficiosa para la sociedad.

Aquellos que enfatizan los efectos buenos de la religión nunca parecen darse cuenta de que tales efectos no demuestran la veracidad de ninguna doctrina religiosa. Es por eso que tenemos términos como “ilusión” y “autoengaño”. Hay una profunda diferencia entre una ilusión consoladora y la verdad.

En cualquier caso, los efectos buenos de la religión sin duda pueden ser disputados. En la mayoría de los casos, parece que la religión da a la gente malas razones para portarse bien, cuando en realidad existen buenas razones para hacerlo. Pregúntate a ti mismo, ¿qué es más moral, ayudar a los pobres porque te preocupa su sufrimiento? ¿o hacerlo porque crees que el creador del universo quiere que lo hagas, te recompensará por hacerlo o te castigará por no hacerlo?

10) El ateísmo no proporciona ninguna base para la moralidad.

Si una persona todavía no entiende que la crueldad es mala, no va a descubrir ésto leyendo la Biblia o el Corán, ya que estos libros están repletos de celebraciones de crueldad, tanto humana como divina. No obtenemos nuestra moralidad de la religión. Nosotros decidimos lo que es bueno en nuestros libros buenos recurriendo a intuiciones morales que están (en algún nivel) programadas en nosotros y que han sido refinadas por miles de años de pensar acerca de las causas y posibilidades de la felicidad humana.

Hemos hecho un progreso moral considerable en los últimos años, y no hicimos ese progreso leyendo la Biblia o el Corán más de cerca. Ambos libros condonan la práctica de la esclavitud, y sin embargo, todo ser humano civilizado reconoce ahora que la esclavitud es una abominación. Todo lo que es bueno en la escritura (como la regla de oro) puede ser valorado por su sabiduría ética sin que tengamos que creer que nos fue entregado por el creador del universo.

Traducido por Mxkeptic

Artículo original: http://www.samharris.org/site/full_text/10-myths-and-10-truths-about-atheism1