La ciencia debe destruir a la religión – por Sam Harris

La mayoría de la gente cree que el Creador del universo ha escrito (o dictado), uno de sus libros. Por desgracia, hay muchos libros que pretenden autoría divina, y cada uno hace afirmaciones incompatibles acerca de cómo debemos vivir. A pesar de los esfuerzos ecuménicos de muchas personas bien intencionadas, estos compromisos religiosos irreconciliables siguen inspirando una cantidad terrible de conflictos humanos.


En respuesta a esta situación, las mayoría de las personas sensibles defienden algo que se llama “tolerancia religiosa”. Mientras que la tolerancia religiosa es sin duda mejor que la guerra religiosa, la tolerancia no está exenta de obligaciones. Nuestro miedo a provocar el odio religioso nos ha vuelto incapaces de criticar ideas que ahora son claramente absurdas y cada vez más desadaptadas. También ha nos ha obligado a mentirnos a nosotros mismos – en repetidas ocasiones y en los niveles más altos – sobre la compatibilidad entre la fe religiosa y la racionalidad científica.


El conflicto entre la religión y la ciencia es inherente y (casi) de suma cero. El éxito de la ciencia viene a menudo a expensas de los dogmas religiosos, el mantenimiento del dogma religioso siempre se produce a expensas de la ciencia. Es hora de que admitamos un hecho básico del discurso humano: o bien una persona tiene buenas razones para lo que cree, o no. Cuando una persona tiene buenas razones, sus creencias contribuyen a nuestra creciente comprensión del mundo. No tenemos que distinguir entre ciencia “dura” y “suave” aquí, o entre ciencia y otras disciplinas basadas en la evidencia como la historia. Sucede que hay muy buenas razones para creer que los japoneses bombardearon Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941. En consecuencia, la idea de que los egipcios fueron culpables carece de credibilidad. Todo ser humano cuerdo reconoce que confiar únicamente en la “fe” para decidir sobre determinadas cuestiones de hechos históricos sería a la vez idiota y grotesco – esto es, hasta que la conversación se dirige hacia el origen de libros como la Biblia y el Corán, a la resurrección de Jesús, a la conversación de Mahoma con el ángel Gabriel o a cualquiera de las otras parodias sagradas que todavía atestan el altar de la ignorancia humana.


La ciencia, en el sentido más amplio, incluye todas las afirmaciones razonables de conocimiento acerca de nosotros mismos y del mundo. Si existieran buenas razones para creer que Jesús nació de una virgen, o que Mahoma viajó al cielo en un caballo alado, estas creencias necesariamente formarían parte de nuestra descripción racional del universo. La fe no es más que la licencia que las personas religiosas se dan para creer tales proposiciones cuando las razones fallan. La diferencia entre ciencia y religión es la diferencia entre la disposición a examinar desapasionadamente nuevas pruebas y nuevos argumentos, y una apasionada falta de voluntad para hacerlo. La distinción no podría ser más obvia, o más consecuente, y sin embargo, se elide en todas partes, incluso en la torre de marfil.


La religión está incrementando con rapidez su incompatibilidad ante el surgimiento de una sociedad civil globalizada. La fe religiosa – la fe de que hay un Dios sin importar su nombre, que uno de nuestros libros es infalible, que Jesús va a volver a la tierra para juzgar a vivos y muertos, que los mártires musulmanes irán directamente al Paraíso, etc – está en el lado equivocado de una ascendente guerra de ideas. La diferencia entre ciencia y religión es la diferencia entre una genuina apertura a los frutos de la investigación humana en el siglo 21, y un cierre prematuro a dicha investigación como una cuestión de principios. Creo que el antagonismo entre razón y fe no hará sino ser cada vez más penetrante y de difícil solución en los próximos años. Las creencias de la Edad del Hierro – acerca de Dios, el alma, el pecado, el libre albedrío, etc – siguen impidiendo la investigación médica y distorsionando las políticas públicas. La posibilidad de que pudiéramos elegir a un Presidente de los EE.UU. que toma en serio la profecía bíblica es real y aterradora; la probabilidad de que un día enfrentemos Islamistas armados con armas nucleares o biológicas es también aterradora, y está aumentando día a día. Estamos haciendo muy poco, a la altura de nuestro discurso intelectual, para evitar tales posibilidades. 

En el espíritu de la tolerancia religiosa, la mayoría de los científicos se mantienen en silencio cuando deberían estar destrozando las horrendas fantasías de una época anterior con todos los datos a su disposición.


Para ganar esta guerra de ideas, los científicos y otras personas racionales tendrán que encontrar nuevas maneras de hablar acerca de la ética y la experiencia espiritual. La distinción entre ciencia y religión no trata de excluir nuestras intuiciones éticas y los estados no ordinarios de conciencia de nuestra conversación sobre el mundo, trata de que seamos rigurosos sobre lo que es razonable concluir en base a ellos. Debemos encontrar formas de satisfacer nuestras necesidades emocionales que no requieran la aceptación más abyecta de lo absurdo. Tenemos que aprender a invocar el poder del ritual y a marcar aquellas transiciones en la vida de cada ser humano que demandan profundidad – nacimiento, matrimonio, muerte, etc – sin mentirnos a nosotros mismos acerca de la naturaleza de la realidad.


Tengo la esperanza de que la transformación necesaria en nuestra forma de pensar se dará a medida de que nuestra comprensión científica de nosotros mismos madure. Cuando encontremos formas confiables para hacer que los seres humanos sean más amorosos, menos miedosos, y estén realmente extasiados por el hecho de nuestra aparición en el cosmos, no tendremos necesidad de divisivos mitos religiosos. Sólo entonces, la práctica de criar a nuestros hijos a creer que son Cristianos, Judíos, Musulmanes o Hindúes será ampliamente reconocida como la absurda obscenidad que es. Y sólo entonces tendremos la posibilidad de curar las fracturas más profundas y peligrosas en nuestro mundo.

Traducido por Mxkeptic

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