La Vida Sin Libre Albedrío – por Sam Harris

(Foto por h.koppdelaney )

Una de las objeciones más comunes a mi posición sobre el libre albedrío es que aceptarla podría tener consecuencias terribles, psicológica o socialmente. Se trata de una réplica extraña, análoga a la que muchas personas religiosas alegan contra el ateísmo: Si no creen en Dios, los seres humanos dejarán de ser buenos unos con otros. Ambas respuestas abandonan cualquier pretensión de preocuparse por lo que es verdad y se limitan a cambiar de tema. Pero eso no quiere decir que no debemos preocuparnos por los efectos prácticos de aceptar creencias específicas.

Me imagino que algunas personas pueden usar la inexistencia del libre albedrío como pretexto para hacer lo que quieran, suponiendo que es inútil resistirse a la tentación o que no hay diferencia entre el bien y el mal. Esto es un malentendido de la situación, pero, lo admito, es posible. También está la cuestión de cómo debemos educar a los niños a la luz de lo que la ciencia nos dice sobre la naturaleza de la mente humana. Parece dudoso que una clase sobre la ilusión del libre albedrío deba ser impartida en una escuela primaria.

A mi juicio, la realidad del bien y del mal no depende de la existencia del libre albedrío, ya que con o sin libre albedrío, podemos distinguir entre sufrimiento y felicidad. Con o sin libre albedrío, un psicópata que disfruta matando niños es diferente de un cirujano pediátrico que le gusta salvarlos. Cualquiera que sea la verdad sobre el libre albedrío, estas distinciones son inconfundibles y vale la pena considerarlas.

¿Acaso se requiere de libre albedrío para manifestar bondad? Por ejemplo, ¿cómo se llega a ser cirujano pediatra? Bueno, primero tienes que haber nacido, con un sistema nervioso intacto, luego, recibir una educación apropiada. No hay libertad ahí, me temo. También debes tener el talento físico para el trabajo y evitar romperte las manos jugando rugby. Sobra decir que alguien que se desmaya al ver sangre no funcionará. Estos logros pueden atribuirse también a la buena suerte. En algún momento tienes que decidir convertirte en cirujano, como resultado, probablemente, de haberte querido convertir en uno. ¿Serías tu la fuente consciente de este deseo? ¿Serías responsable de que prevalezca sobre todas las otras cosas que quieres, pero que son incompatibles con la carrera de medicina? No. Si tienes éxito de convertirte en cirujano, simplemente te encontrarás de pie un día, bisturí en mano, en la confluencia de todas las causas genéticas y ambientales que te llevaron a desarrollarte a lo largo de esta línea. Ninguno de estos eventos requiere que tu, el sujeto consciente, seas la causa última de tus aspiraciones, capacidades y comportamiento resultante. Y, sobra decir, no puedes tomar el crédito por el hecho de que no hayas nacido siendo un psicópata.

Por supuesto, no estoy diciendo que puedes convertirte en cirujano por accidente, debes hacer muchas cosas, deliberadamente, bien, y en la secuencia apropiada, año tras año. Convertirse en cirujano requiere esfuerzo. Pero, ¿puedes tomar el crédito por tu disposición a hacer dicho esfuerzo? Démosle la vuelta al tema, ¿soy yo responsable por el hecho de que nunca se me ocurrió que me gustaría ser cirujano? ¿Quién tiene la culpa de mi falta de inspiración? ¿Que tal si el deseo de convertirme en cirujano de repente surge mañana y llega a ser tan intenso que me lleve a echar por la borda mis otras metas profesionales y a inscribirme en la escuela de medicina? ¿Podría Yo, es decir, la parte de mí que está experimentando mi vida, ser la verdadera causa de estos acontecimientos? Cada momento de esfuerzo consciente, cada pensamiento, intención y decisión, habrán sido causados por acontecimientos de los cuales no soy consciente. ¿Dónde está la libertad en todo esto?

Si no podemos asignarle culpa al funcionamiento del universo, ¿cómo podrían las personas malvadas ser responsables por sus actos? En el sentido más profundo, al parecer, no lo son. Pero en un sentido práctico, deben serlo. No veo ninguna contradicción en esto. De hecho, creo que mantener las causas profundas de la conducta humana a la vista sólo mejoraría nuestra respuesta práctica hacia la maldad. La sensación de que las personas son profundamente responsables de lo que son no hace más que producir ilusiones morales y sufrimiento psicológico.

Imagina que estás disfrutando de la última siesta del verano, tal vez afuera en una hamaca en algún lugar, y te despierta un ruido extraño. Abres los ojos y ves un gran oso corriendo hacia ti por el césped. Es bastante fácil que te des cuenta de que tienes un problema. Si cambiamos este oso por un hombre grande que sostiene un cuchillo de carnicero, el problema cambia de maneras interesantes, pero la repentina aparición del libre albedrío en el cerebro de tu atacante no está entre ellas.

En caso de sobrevivir a esta terrible situación, tu experiencia posterior es susceptible a cambiar dependiendo (demasiado en mi opinión) de la especie de su atacante. Imagina la diferencia entre ver al hombre que casi te mató en el estrado de los testigos y ver al oso retozando en el zoológico. Si eres como muchas de las víctimas, en la primera instancia podrías ser inundado por sentimientos de rabia y odio tan intensos como para constituir un trauma adicional. Puede que pases años fantaseando con la muerte del hombre. Pero parece seguro que tu experiencia en el zoológico sería totalmente diferente. Podrías incluso llevar a tus amigos y familiares simplemente por el gusto de hacerlo: “¡Esa es la bestia que casi me mata!” ¿Qué estado mental preferirías, odio enfurecedor o sentimientos triunfales de buena suerte y de asombro? La convicción de que un atacante humano podría haber actuado de otra manera, mientras que un oso no podría, parece explicar en gran parte la diferencia.

Los pensamientos conscientes de una persona, sus intenciones y sus esfuerzos, en cada momento están precedidos por causas de las que ella misma es inconsciente. Lo que es más, están precedidos por profundas causas (genes, experiencia infantil, etc.) por las cuales nadie, sin importar que tan malvado sea, puede ser considerado responsable. Nuestra ignorancia de ambos conjuntos de hechos da lugar a ilusiones morales. Y sin embargo, muchas personas se preocupan de que es necesario creer en el libre albedrío, especialmente en el proceso de educar niños.

Esto me parece una preocupación legítima, aunque me gustaría señalar que la cuestión de cuales verdades deberíamos decir a los niños (o adultos infantiles) acecha en cada habitación de la mansión de nuestro entendimiento. Por ejemplo, mi esposa y yo recientemente llevamos a nuestra hija de tres años en un avión por primera vez. ¡A ella le encanta volar! Como suele suceder, su alegría fue posible en parte porque omitimos decirle que los aviones de vez en cuando fallan y caen del cielo, matando a todos a bordo. No creo ser la primera persona que observa que ciertas verdades es mejor no decirlas, sobre todo en presencia de niños pequeños. Y, a su edad, ni siquiera se me ocurriría decirle a mi hija que el libre albedrío es una ilusión, tal y cómo no le enseñaría a manejar un auto o a cargar una pistola.

Lo que quiere decir que hay un tiempo y un lugar para todo, a menos, por supuesto, de que no lo haya. Todos nos encontramos en la posición de un niño de vez en cuando, cuando información específica, sin importar que tan válida o necesaria sea en otros contextos, sólo producirá confusión, desaliento, o terror en el contexto de nuestra vida. Puede ser perfectamente racional evitar ciertos hechos. Por ejemplo, si tienes que someterte a un procedimiento médico para el que no existe una alternativa razonable, te recomiendo que no hagas una búsqueda en Internet para descubrir todas sus posibles complicaciones. Del mismo modo, si eres propenso a las pesadillas o te desestabiliza de alguna manera contemplar la maldad humana, te recomiendo que no leas Machete Season . Algunas formas de conocimiento no son para todos. 

En términos generales, sin embargo, no creo que lo ilusorio del libre albedrío sea una fea verdad. Tampoco es algo que deba seguir siendo una abstracción filosófica. De hecho, mientras escribo esto, es absolutamente claro para mí que no tengo libre albedrío. Este conocimiento no parece impedirme hacer las cosas. Reconocer que la mente consciente está siempre debajo de las causas subyacentes de mis pensamientos, intenciones y acciones no cambia el hecho de que los pensamientos, intenciones y acciones de todo tipo son necesarios para vivir una vida feliz o una vida infeliz, en todo caso.

No me ha perjudicado notablemente, y creo que me ha beneficiado, el saber que el siguiente pensamiento que se despliegue en mi mente surgirá y se hará efectivo (o no) debido a condiciones que no puedo saber y que yo no creé. Los efectos negativos que preocupan a la gente (falta de motivación, caer en el nihilismo) simplemente no son evidentes en mi vida. Y los efectos positivos han sido evidentes. Ver a través de la ilusión del libre albedrío ha disminuido mis sentimientos de odio contra la gente mala. Todavía soy capaz de sentir odio, por supuesto, pero cuando pienso en las causas reales del comportamiento de una persona, la sensación desaparece. Es un alivio deshacerse de esta carga, y creo que nada se perdería si todos la dejáramos de cargar. Por el contrario, se ganaría mucho. Podríamos olvidarnos de la retribución y concentrarnos por completo en atenuar el daño. (Y si castigar a las personas probara ser importante ya sea para disuadir o para rehabilitar, podríamos hacer las prisiones tan desagradables cómo se requiera)

La comprensión de las verdaderas causas de la conducta humana no deja lugar a la noción tradicional del libre albedrío. Pero esto no debe deprimirnos, o tentarnos a descarriarnos. La diligencia y la sabiduría siguen dando mejores resultados que la pereza y la estupidez. Y, en adultos psicológicamente sanos, la comprensión de lo ilusorio del libre albedrío debería hacer que sentimientos divisivos como el orgullo y el odio sean un poco menos irresistibles. Si bien es concebible que a alguien, en algún lugar, podría irle peor al percibir la ilusión del libre albedrío, creo que a fin de cuentas, ésta sólo podría producir una sociedad más compasiva, justa y sensata.

Traducido por Mxkeptic

Post original: http://www.samharris.org/blog/item/life-without-free-will

 

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