Pascua para ateos – por Alain de Botton

Tal vez la pregunta más aburrida que uno puede dirigir a una religión es si es o no ‘verdadera’. Por supuesto (esta publicación cree), que ninguna de sus afirmaciones sobrenaturales podrían ser nunca ‘verdaderas’ – pero eso no puede ser una razón para descartar la religión en su totalidad, al igual que uno no ignora Anna Karenina con el argumento de que la historia ha sido inventada. Las religiones son en ocasiones demasiado interesantes, sabias y consoladoras como para dejarlas sólo a los ‘creyentes’.

Para los cristianos, estos son los días mas oscuros. La Pascua conmemora un incidente de una pérdida catastrófica. La historia es triste en extremo: él era gentil, generoso, sincero y sabio. Él estaba cerca de su madre, era amigo de los pobres y de los que están solos, creía en el amor y el perdón. Él entendió el sufrimiento y quería hacer un mundo mejor. Y sin embargo, todo terminó en humillación, traición y dolor insoportable. Uno de sus mejores amigos lo denunció, fue juzgado bajo cargos falsos, su comunidad lo abandonó y las multitudes lo abuchearon.

La vida no podría ir peor

Jesús de Nazaret fue clavado en una cruz y abandonado a morir. Él sufrió el destino de un criminal y un paria.  Y (durante mucho tiempo), en realidad a nadie le importó.

Quién sabe si en realidad todo sucedió así,  pero ese no es realmente el punto. La veracidad de la historia no es el factor decisivo. El claramente no era ‘el hijo de Dios’, pero la historia, sin embargo, conserva un poder fundamental para educar al mundo moderno sobre una o dos cosas importantes.

Jesús es un personaje simbólico, un ser humano representativo. Nadie es como él todo el tiempo, pero la mayoría de nosotros somos un poco como él, una parte del tiempo. La historia de su sufrimiento es una versión que exagera estrategicamente las tristezas que se presentan en la experiencia humana en general. Ocurren cosas terribles. Diagnostican cáncer, un divorcio destruye a una familia, una empresa quiebra, un error común desencadena una calamidad, un padre muere antes de que su hijo logre descifrar lo que podría significar para él.   

Colocar la historia de la Crucifixión para la contemplación regular hace que los escenarios más dolorosos se sientan más familiares y más normales; pruebas severas y períodos de miseria están escritos en el contrato de la vida.

Sin embargo, en muchas de las narrativas individualistas actuales, la derrota sólo puede explicarse por la debilidad o la estupidez de una persona. Los que fallan son cruelmente descritos como ‘perdedores’. Se nos dice que nos merecemos nuestro destino. En un contexto tan punitivo, la historia de la crucifixión emerge ofreciendo un mapa más soportable e indulgente de la vida.

Fue una genialidad del Cristianismo insistir en hacer de su figura central una persona ‘normal’, no una deidad idealizada y todopoderosa, sino un personaje expuesto a toda indignidad disponible – y, al mismo tiempo, insistir en su condición: tanto de rey de reyes como de un perdedor ordinario. Este fue un movimiento verdaderamente revolucionario con un mensaje profundamente consolador en su corazón.

¿Cuál es el sello de una buena vida? ¿Quién debe ser considerado como un éxito? La Pascua ofrece una respuesta sorprendente y útil: el éxito no se trata del triunfo mundano obvio, se trata de desarrollar la capacidad de utilizar el propio sufrimiento como un camino hacia la compasión por los demás.

Existe un segundo lado de la historia de la Pascua. La crucifixión se presenta como algo horrible, pero la catástrofe se convierte en una ocasión para promover el perdón y no venganza.

Perdónalos, no saben lo que hacen

Los guardias romanos y las multitudes crueles están haciendo algo terrible en la imagen de arriba,  pero Jesús no está desesperado por dañarlos también. No es porque sea débil, es porque él tiene una idea inusual acerca de porqué las cosas van mal en el corazón de las personas.

Entre las últimas palabras que Jesús estaba destinado a decir antes de morir estuvo la súplica: “Perdónalos, no saben lo que hacen” En esto radica la fascinante sugerencia de que la crueldad es un síntoma de falta de amor y comprensión, no es la verdad última acerca de nadie. Las personas que disfrutan trayendo dolor a otros es porque ellos mismos están traumatizados, no porque sean inhumanos. No están totalmente al mando de sí mismos. El hombre que se burla entre la multitud es él mismo víctima de horrores pasados que ameritarían – si encontráramos entendimiento en nuestros corazones – lástima en vez de rabia.


© Getty

Una forma de practicar para tiempos difíciles

Una buena sociedad entiende que no podemos encontrar la manera de vivir sin ayuda. Necesitamos modelos ejemplares, guías para mostrarnos cómo podemos manejar el dolor y responder a los insultos y la traición – y esto coloca figuras ante nosotros para nuestro consuelo y edificación. La narrativa cristiana de la Pascua es un cuento pedagógico ejemplar. Tal vez no debería preocuparnos tanto si la historia es exactamente ‘verdad’. Lo que importa más es si es útil o no.

(Traducido por orkusmv, artículo original: http://www.philosophersmail.com/utopia/easter-for-atheists/)

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