Los Grandes Filósofos 2: Los Estoicos

 

El ‘Estoicismo’ era una filosofía que floreció durante unos 400 años en la antigua Grecia y Roma, obteniendo un amplio apoyo entre todas las clases sociales. Tenía una inmensa y muy práctica ambición: enseñar a la gente a ser calmada y valiente al enfrentar la abrumadora ansiedad y el dolor.

Todavía honramos a esta escuela cada vez que llamamos a alguien “estoico” o simplemente “filosófico” cuando el destino se vuelve en su contra: cuando pierde sus llaves, es humillado en el trabajo, rechazado en el amor o avergonzado ante la sociedad. De todas las filosofías, el Estoicismo sigue siendo tal vez la más inmediatamente relevante y útil para nuestros tiempos de incertidumbre y pánico.

Muchos cientos de filósofos practicaron el estoicismo, pero dos figuras destacan como los mejores guías del mismo: el político romano, escritor y tutor de Nerón, Séneca [4-65 d.C.]; y el generoso y magnánimo Emperador Romano (quien filosofaba en su tiempo libre, mientras luchaba contra las hordas germánicas en los bordes del Imperio), Marco Aurelio [121-180 d.C.].Sus obras siguen siendo muy leíbles y profundamente consoladoras, ideales para esas noches de insomnio, tierra fértil para terrores fugitivos y paranoia.

El estoicismo nos puede ayudar con cuatro problemas en particular:

1 Ansiedad

En todo momento, muchas cosas terribles podrían suceder. La manera estándar en que la gente nos levanta el ánimo cuando estamos sumidos en la ansiedad es que nos digan que, después de todo, estaremos bien: ese correo electrónico embarazoso podría no ser descubierto, las ventas podrían despegar, puede que no haya escándalo…

Pero los estoicos se opusieron amargamente a esta estrategia, porque creían que la ansiedad florece en esa brecha entre lo que tememos que puede pasar y lo que esperamos que pase.  Cuanto más grande sea la brecha, mayores serán las oscilaciones y perturbaciones del estado de ánimo.

Para recuperar la calma, lo que tenemos que hacer es aplastar sistemática e inteligentemente hasta el último vestigio de esperanza. En lugar de apaciguarnos con cuentos alegres, es mucho mejor (proponían los Estoicos) llegar valientemente a un acuerdo con las peores posibilidades y luego sentirnos completamente cómodos con ellas. Cuando miramos a nuestros miedos a la cara e imaginamos cómo sería la vida si se hicieran realidad, nos enfrentamos a una conclusión fundamental: saldremos adelante. Saldremos adelante, incluso si vamos a la cárcel, incluso si perdemos todo nuestro dinero, incluso si fuéramos humillados públicamente, incluso si nuestros seres queridos se van, e incluso si el tumor resultó ser maligno (los Estoicos creían firmemente en el suicidio).

Por lo general no nos atrevemos más que a dar un vistazo con los ojos entrecerrados a las horribles eventualidades y, por lo tanto, éstas nos mantienen constantemente en sus sádicas garras. En cambio, como Séneca lo expresó: “Para reducir tu preocupación, debes asumir que lo que temes que pueda suceder es seguro que va a suceder.” A un amigo sacudido por el terror de que podría ser enviado a prisión, Seneca le respondió sin rodeos: ‘La prisión siempre podrá ser soportada por alguien que ha entendido correctamente la existencia’.

Los Estoicos sugirieron que nos tomemos un tiempo para practicar con escenarios del peor de los casos. Deberíamos, por ejemplo, marcar una semana al año durante la cual comamos sólo pan duro y durmamos en el piso de la cocina con sólo una sábana, así dejaríamos ser tan temerosos por ser despedidos o encarcelados.

Entonces nos daremos cuenta, como dice Marco Aurelio, que ‘se necesita muy poco para tener una vida feliz. ‘

Cada mañana, un buen Estoico emprenderá una praemeditatio, una premeditación de todas las cosas terribles que podrían ocurrir en las próximas horas. En las duras palabras de Marco Aurelio: ‘Mortal has nacido, has engendrado mortales. Por lo que debes considerar todo, esperarlo todo. ‘

El Estoicismo es nada menos que un elegante e inteligente ensayo general de la catástrofe.

2 Furia

Nos enojamos, especialmente con nuestros compañeros, nuestros hijos, y los políticos. Rompemos cosas y lastimamos a otros. Los estoicos pensaban en la ira como una indulgencia peligrosa, pero más que nada, como una estupidez, ya que, en su análisis, los ataques de ira son causados por una sola cosa: una imagen errónea de la existencia. Son los amargos frutos de la ingenuidad.

La ira es, en el análisis Estoico, causada por el choque violento entre la esperanza y la realidad. No gritamos cada vez que algo triste nos pasa, sólo cuando es triste e inesperado. Para ser mas calmados, debemos, por lo tanto, aprender a esperar menos de la vida. Por supuesto que nuestros seres queridos nos decepcionarán, naturalmente, nuestros colegas nos fallarán, invariablemente, nuestros amigos nos mentirán… Nada de esto debería sorprendernos. Puede que nos ponga tristes. Nunca debe (si somos Estoicos) hacernos enojar.

El sabio debe aspirar a alcanzar un estado donde simplemente nada pueda perturbar súbitamente su paz mental. Cada tragedia debería ya haber sido apreciada. ‘¿Qué necesidad de llorar en cada parte? preguntó Séneca, ‘La vida entera es digna de llanto.’

3 Paranoia

Es fácil pensar que hemos sido elegidos por las cosas terribles. Nos preguntamos por qué a nosotros, nos destruimos con la culpa o le lanzamos veneno amargo al mundo.

Los Estoicos no quieren que hagamos ninguna de esas cosas: no es nuestra culpa ni la de nadie. Aunque no eran religiosos, los estoicos estaban fascinados por la Diosa Romana de la fortuna, conocida como Fortuna, a quien tomaron como la metáfora perfecta del destino. Fortuna, quien tenía santuarios dedicados a ella por todo el Imperio, era conocida popularmente por controlar el destino de los humanos, y se consideraba que era una aterradora mezcla entre la generosidad, lo azarosamente caprichoso y lo malévolo. Ella no era meritócrata. Era representada sosteniendo una cornucopia llena de regalos (dinero, amor, etc.) en una mano y un timón, para cambiar el curso de la vida, en la otra. Dependiendo de su estado de ánimo, podía tirarte un trabajo perfecto o una relación hermosa, y al minuto siguiente, simplemente porque le daba la gana, te miraba morir ahogado con una espina de pescado.


© Getty

Es una prioridad urgente para un Estoico considerar cuanto de la vida siempre estará en manos de este personaje demente. ‘No hay nada a lo que Fortuna no se atreva’, advirtió Séneca.

Entender esto con antelación debería hacernos tanto sospechar del éxito como ser más gentiles con nosotros mismos ante el fracaso. En todos los sentidos, mucho de lo que tenemos, no lo merecemos.

Por tanto, la tarea del sabio es nunca creer en los obsequios de Fortuna: la fama, el dinero, el poder, el amor, la salud, nada de eso nos pertenece nunca. Nuestra apego a ellos debe ser en todo momento ligero y profundamente cauteloso.

4 Pérdida de la Perspectiva

Por naturaleza exageramos nuestra importancia. Los incidentes de nuestras vidas abarcan una gran parte de nuestra visión del mundo. Por eso nos estresamos, entramos en pánico, maldecimos y lanzamos cosas a la pared.

Para recuperar la compostura, debemos quitarnos importancia regularmente ante nosotros mismos. Debemos renunciar a la muy normal y a la vez muy perturbadora ilusión de que en realidad importa lo que hacemos y quienes somos.


© NASA

Los estoicos eran astrónomos avezados ​​y recomendaban contemplar los cielos a todos los estudiantes de filosofía. En un paseo vespertino, ve hacia arriba y mira los planetas: verás a Venus y a Júpiter brillando en el cielo que oscurece. Si la oscuridad aumenta, es posible que veas algunas otras estrellas, Aldebaran, Andrómeda y Aries, junto a muchas más. Es un indicio de las extensiones inimaginables de espacio en todo el sistema solar, la galaxia y el cosmos. El espectáculo tiene un efecto calmante que los Estoicos veneraron, pues ante este telón de fondo, nos damos cuenta de que ninguno de nuestros problemas, desilusiones o esperanzas tienen relevancia alguna.

Nada de lo que nos pasa, o de lo que hacemos, tiene (afortunadamente) consecuencia alguna desde la perspectiva cósmica.

Conclusión:

Necesitamos a los Estoicos, más que nunca.
 
Todos los días nos enfrentamos a situaciones que ellos entendían y para las cuales querían prepararnos.

Sus enseñanzas son oscuras y sobrias, pero al mismo tiempo, profundamente consoladoras y en ocasiones bastante divertidas.

Nos invitan a sentirnos heroicos y desafiantes frente a nuestros muchos problemas.

Como Séneca nos recuerda, ‘Miren sus muñecas. Allí, en cualquier momento, se encuentra la libertad ‘.

Para contrarrestar el indignantemente alegre e ingenuo optimismo de nuestros tiempos, no hay nada mejor que la calmante sabiduría agridulce de estos antiguos sabios.

Texto original en inglés.

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