Los Grandes Filósofos 3: Epicuro

El filósofo de la Antigua Grecia Epicuro nació en 341 a.C., en la isla de Samos, a pocos kilómetros de la costa de lo que hoy es Turquía. Tenía una barba inusualmente larga, escribió más de trescientos libros y fue uno de los filósofos más famosos de su época.

Lo que lo hizo famoso fue su enfoque hábil e implacable sobre un tema en particular: la felicidad. Anteriormente, los filósofos habían querido saber cómo ser bueno; Epicuro insistió en que quería centrarse en cómo ser feliz.

Pocos filósofos habían admitido de manera tan franca y realista sus intereses. Esto sorprendió a muchos, sobre todo cuando se enteraron de que Epicuro había fundado una Escuela para la Felicidad. La idea de lo que estaba pasando en el interior era a la vez totalmente sorprendente y profundamente provocativa. Algunos Epicúreos descontentos hicieron algunas filtraciones perjudiciales sobre lo que pasaba en la escuela. Timócrates dijo que Epicuro tenía que vomitar dos veces al día porque pasaba todo su tiempo en un sofá mientras un grupo de esclavos lo alimentaba con carnes y pescados finos. Y Dimotius, el Estoico, publicó cincuenta cartas lascivas que dijo habían sido escritas por Epicuro para sus jóvenes estudiantes cuando estaba borracho y sexualmente obsesionado. Es debido a tales habladurías que aún ahora utilizamos a veces el adjetivo ‘Epicúreo’ para describir lujo y decadencia.

Pero éstas asociaciones son infundadas. La verdad sobre Epicuro es mucho menos sensacional, pero mucho más interesante. El filósofo griego realmente se centraba en la felicidad y el placer, pero no tenía ningún interés en las comidas finas o en las orgías. Poseía sólo dos túnicas y vivía a base de pan, aceitunas y, como premio, la ocasional rebanada de queso. En vez de eso, después de haber estudiado pacientemente la felicidad por muchos años, Epicuro llegó a una serie de conclusiones notables y revolucionarias sobre lo que realmente necesitamos para ser felices, conclusiones totalmente en desacuerdo con las suposiciones de su era… y de la nuestra.

Epicuro propuso que normalmente cometemos tres errores cuando pensamos en la felicidad.

1 Creemos que necesitamos relaciones románticas

Entonces, como ahora, la gente estaba obsesionada con el amor. Pero Epicuro observó que la felicidad y el amor (sin mencionar el matrimonio) casi nunca van de la mano. Hay demasiados celos, incomprensión y amargura. El sexo siempre es complicado y rara vez en armonía con el afecto. Sería mejor, concluyó Epicuro, no poner demasiada fe en las relaciones. Por el contrario, destacó lo gratificante que son la mayoría de las amistades: en ellas somos educados, buscamos acuerdos, no regañamos ni nos regañan y no somos posesivos. Pero el problema es que no vemos lo suficiente a nuestros amigos. Le damos prioridad a la familia y el trabajo, no tenemos tiempo, viven muy lejos. 


2 Creemos necesitar mucho de dinero

Entonces, como ahora, la gente estaba obsesionada por su carrera, motivada por el deseo de dinero y aplausos. Pero Epicuro hizo énfasis en las dificultades del empleo: los celos, las habladurías y las ambiciones frustradas.


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Lo que hace que el trabajo sea en verdad satisfactorio, creía Epicuro, es cuando podemos trabajar ya sea solos o en grupos muy pequeños y cuando percibimos el trabajo como significativo, cuando sentimos que estamos ayudando a los demás de alguna forma o que estamos haciendo cosas que mejoran el mundo. En realidad no es dinero o prestigio lo que queremos, es sentirnos realizados a través de nuestro trabajo.

3 Ponemos demasiada fe en los lujos

Soñamos con lo lujoso: una hermosa casa, habitaciones elegantes y vistas agradables. Imaginamos viajes a lugares idílicos, donde podemos descansar y dejar que otros nos cuiden…


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Pero Epicuro no estaba de acuerdo con nuestros anhelos. Más allá de la fantasía del lujo, él creía que lo que realmente queremos es calma. Sin embargo, no es posible que la calma surja simplemente por el cambio de vista o por ser dueños de una hermosa casa.

La calma es una cualidad interna que es el resultado del análisis: llega cuando tamizamos nuestras preocupaciones y las entendemos correctamente. Por lo tanto, necesitamos tiempo suficiente para leer, escribir y, sobre todo, para beneficiarnos de la ayuda regular de un buen oyente: una persona comprensiva, amable y lista que en tiempos de Epicuro habría sido un filósofo y a quien ahora llamaríamos  terapeuta.

Con su análisis de la felicidad a la mano, Epicuro hizo tres innovaciones importantes:


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– En primer lugar, decidió que viviría con sus amigos. Basta ya de verlos sólo de vez en cuando. Compró una modesta parcela de tierra en las afueras de Atenas y construyó un lugar donde él y sus amigos pudieran vivir lado a lado de manera permanente. Todos tenían su habitación y había áreas comunes en la planta baja y en los terrenos.  De esta manera, los residentes estarían siempre rodeados de personas que compartían perspectivas, eran entretenidos y amables. Los niños eran atendidos en rotación. Todos comían juntos. Uno podía hablar en los pasillos por la noche. Fue la primera verdadera comuna en el mundo.

– En segundo lugar, todos los miembros de la comuna dejaron de trabajar para otras personas. Ellos aceptaron recortes en sus ingresos a cambio de poder enfocarse en un trabajo satisfactorio. Algunos de los amigos de Epicuro se dedicaron a la agricultura, otros a la cocina, unos pocos a hacer muebles y arte. Tenían mucho menos dinero, pero también una amplia satisfacción intrínseca.


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– Y en tercer lugar, Epicuro y sus amigos se dedicaron a la búsqueda de la calma a través del análisis racional y el entendimiento. Pasaban periodos de cada día reflexionando sobre sus ansiedades, mejorando el entendimiento de sus psiques e instruyéndose en las grandes preguntas de la filosofía.

El experimento de Epicuro sobre como vivir se puso de moda. Se inauguraron comunidades Epicúreas por todo el Mediterráneo y atrajeron a miles de seguidores. Los centros prosperaron durante generaciones, hasta que fueron brutalmente suprimidos por una celosa y agresiva Iglesia Cristiana en el siglo V. Pero incluso entonces, su esencia sobrevivió al convertirse muchos de ellos en monasterios.

La influencia de Epicuro continúa en la edad moderna. Karl Marx hizo su tesis doctoral sobre él y lo consideraba su filósofo favorito. Lo que llamamos Comunismo es en el fondo sólo una versión más grande (y bastante más autoritaria y funesta) del Epicureanismo.

Incluso hoy en dia, Epicuro sigue siendo una guía indispensable en las sociedades capitalistas consumistas avanzadas porque la publicidad (sobre la cual se basa este sistema) funciona al confundir hábilmente a las personas sobre lo que piensan que necesitan para ser felices.

Un extraordinario número de anuncios se centran justamente en las tres cosas que Epicuro identificó como falsos señuelos de la felicidad: el amor romántico, el estatus profesional y el lujo.


© AFP / Getty

Los anuncios no funcionarían tan bien como lo hacen si no operasen con un sentido preciso de lo que son nuestras necesidades reales. Sin embargo, mientras nos emocionan evocándolas, se niegan a satisfacerlas apropiadamente. Los anuncios de cerveza nos muestran grupos de amigos abrazándose, pero sólo para vendernos alcohol (que podríamos terminar bebiendo solos). Los anuncios de relojes de lujo nos muestran a profesionales de estatus alto caminando decididamente a la oficina, pero no saben cómo responder al deseo de un trabajo intrínsecamente satisfactorio. Y los anuncios de playas tropicales pueden provocarnos con su serenidad, pero no pueden, por su cuenta, darnos la verdadera calma que anhelamos.

Epicuro nos invita a cambiar nuestra propia comprensión de nosotros y a alterar la sociedad en consecuencia. No debemos agotarnos a nosotros mismos y al planeta en una carrera por cosas que no es posible que nos satisfagan, incluso si las conseguimos. Necesitamos regresar a la filosofía y a ser mucho más serios con el asunto de ser felices.

Artículo Original en The Philosopher’s Mail

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