Las Drogas y el Significado de la Vida – por Sam Harris

imagen

Banco de Fotos JB )

(Nota 06/04/2014: He revisado este ensayo de 2011 y añadido una versión en audio -SH.)

Todo lo que hacemos es con el propósito de alterar la conciencia. Formamos amistades para que podamos sentir ciertas emociones, como el amor, y para evitar otras, como la soledad. Comemos alimentos específicos para disfrutar de su fugaz presencia en nuestras lenguas. Leemos por el placer de pensar los pensamientos de otra persona. Cada momento durante la vigilia, e incluso en nuestros sueños, nos esforzamos para dirigir el flujo de la sensación, la emoción y la cognición hacia estados de conciencia que valoramos.

Las drogas son otro medio para lograr este fin. Algunas son ilegales, algunas están estigmatizadas, y algunas son peligrosas, aunque, paradójicamente, estas categorías se cruzan sólo en parte. Algunas drogas con extraordinario poder y utilidad, como la psilocibina (el compuesto activo en los “hongos mágicos”) y la dietilamida del ácido lisérgico (LSD) no suponen ningún riesgo aparente de adicción y son físicamente bien toleradas, sin embargo aún puedes ser enviado a prisión por usarlas, mientras que drogas como el tabaco y el alcohol, que han arruinado incontables vidas, pueden ser disfrutadas ad libitum en casi todas las sociedades sobre la tierra. Existen puntos intermedios en esta continuidad: el MDMA o Éxtasis tiene un potencial terapéutico notable, pero también es susceptible a los abusos y hay evidencias que sugieren que puede ser neurotóxico.1 ]

Una de las grandes responsabilidades que tenemos como sociedad es educarnos a nosotros mismos, junto con la siguiente generación, acerca de cuales sustancias vale la pena ingerir y con qué propósito y cuales no. El problema , sin embargo, es que nos referimos a todos los compuestos biológicamente activos con un único término, drogas, lo que hace casi imposible tener una discusión inteligente sobre los problemas psicológicos, médicos, éticos y legales que rodean su uso. La pobreza de nuestro lenguaje ha sido ligeramente aliviada por la introducción de términos cómo  psicodélicos para diferenciar ciertos compuestos visionarios que pueden producir estados extraordinarios de éxtasis e introspección de los narcóticos y otros agentes clásicos de estupefacción y abuso.

Sin embargo, no debemos apresurarnos a sentir nostalgia por la contracultura de la década de los 60’s. Sí, se hicieron avances importantes, social y psicológicamente, y las drogas fueron centrales en el proceso, pero uno sólo necesita leer relatos de la época, cómo Arrastrándose hacia Belén de Joan Didion, para ver el problema de una sociedad inclinada a tener un juicio final a cualquier costo. Por cada visión de valor duradero producida por las drogas, había un ejército de zombies con flores en el cabello dejándose llevar hacia el fracaso y el arrepentimiento. Conectarse, sintonizarse y desprenderse es sabio, o al menos benigno, sólo si después puedes llegar a un modo de vida que tiene sentido ético y material y no dejas a tus hijos vagando en las calles.

El abuso de drogas y la adicción son problemas reales, por supuesto, y el remedio para ellos es la educación y el tratamiento médico, no el encarcelamiento. De hecho, las drogas de las que más se abusa en los Estados Unidos parecen ser la oxidocona y otros analgésicos recetados. ¿Deberían estos medicamentos ser ilegales? Por supuesto que no. Pero las personas necesitan ser informadas acerca de sus peligros y los adictos necesitan tratamiento. Y todas las drogas, incluyendo el alcohol, los cigarrillos y las aspirinas, deben mantenerse fuera del alcance de los niños.

Discutí los problemas de la política antidrogas en mi primer libro El Fin de la Fe, y mi forma de pensar al respecto no ha cambiado. La “guerra contra las drogas” está perdida y nunca debió haber sido librada. No puedo pensar en un derecho más fundamental que el de observar pacíficamente los contenidos de nuestra propia conciencia. El hecho de que sin razón alguna arruinemos la vida de usuarios no violentos de drogas al encarcelarlos, a un gran costo, constituye uno de los grandes fracasos morales de nuestro tiempo. (Y el hecho de que hagamos lugar para ellos en las cárceles dándole libertad provisional a asesinos, violadores y pederastas hace que uno se pregunte si la civilización no estará simplemente condenada.)

Tengo dos hijas que algún día usarán drogas. Por supuesto, haré todo lo que esté a mi alcance para ver que ellas escojan sus drogas con prudencia, ya que una vida vivida sin ningún tipo de drogas no parece previsible ni deseable, a mi parecer.  Espero que algún dia ellas disfruten de una taza de café o té por la mañana tanto como yo. Si beben alcohol de adultas, como probablemente lo harán, las animaré a hacerlo de manera segura. Si optan por fumar marihuana, les recomendaré moderación.2 ]  El tabaco debe ser evitado, y voy a hacer todo dentro de los límites de la paternidad decente para alejarlas de el. Sobra decir que, si me entero que alguna de ellas desarrollará una afición por la metanfetamina o el crack, podría no volver a dormir nunca. Pero si no prueban un psicodélico como la psilocibina o el LSD al menos una vez durante su vida adulta, me preguntaré si se habrán perdido uno de los más importantes ritos de paso que un ser humano puede experimentar.

Esto no quiere decir que todos deberían tomar psicodélicos. Como dejaré claro a continuación, estas drogas presentan ciertos peligros. Sin duda, algunas personas no pueden darse el lujo de darle al ancla de la cordura ni el más mínimo tirón. Han pasado muchos años desde que tomé drogas psicodélicas y mi abstinencia proviene de un saludable respeto por los riesgos que implica. Sin embargo, hubo un período en mis años 20 en los que consideré a la psilocibina y al LSD como herramientas indispensables, y algunos de los momentos más importantes de mi vida los pasé bajo su influencia. Sin ellas, podría no haber descubierto nunca que hay un paisaje interno en la mente que vale la pena explorar.

Es imposible negar el rol de la suerte aquí. Si tienes suerte, y tomas la droga correcta, sabrás lo que es alcanzar la iluminación (o estarás lo suficientemente cerca de lograrlo como para persuadirte de que la iluminación es posible.) Si tienes mala suerte, sabrás que es padecer demencia clínica. Si bien, no recomiendo esta última experiencia, sí ayuda a aumentar el respeto de uno por la frágil condición de la cordura, así como la compasión por las personas que sufren de enfermedades mentales.

Los seres humanos han ingerido plantas psicodélicas durante miles de años, pero la investigación científica de estos compuestos no empezó sino hasta la década de 1950. Ya para 1965 se habían publicado un millar de estudios, principalmente sobre la psilocibina y el LSD, muchos de las cuales comprobaron la utilidad de los psicodélicos para el tratamiento de la depresión clínica, trastorno obsesivo compulsivo, adicción al alcohol y para tratar el dolor y la ansiedad asociados al cáncer terminal. En pocos años, sin embargo, todo este campo de investigación fue abolido en un esfuerzo por detener la propagación de estas drogas entre el público. Después de una pausa que duró toda una generación, la investigación científica sobre la farmacología y el valor terapéutico de las drogas psicodélicas se ha reanudado silenciosamente.

Psicodélicos como la psilocibina, el LSD, el DMT y la mezcalina alteran poderosamente la cognición, la percepción y el estado de ánimo. La mayoría parecen ejercer su influencia a través del sistema de la serotonina en el cerebro, principalmente al unirse a receptores 5-HT 2A (aunque algunos tienen afinidad también por otros receptores), lo que lleva a una mayor actividad neuronal en la corteza prefrontal (CPF). Ya que la CPF modula a su vez la producción de dopamina subcortical, (y algunos de estos compuestos como el LSD, se unen directamente a los receptores de la dopamina) el efecto de las drogas psicodélicas parece tener lugar en gran medida fuera de las vías de la dopamina (lo que podría explicar por qué estas drogas no son formadoras de hábito).

La eficacia de los psicodélicos parece establecer la base para una vida mental y espiritual mas allá de toda duda, ya que la introducción de estas sustancias en el cerebro es la causa evidente del apocalipsis numinoso que le sigue. Es posible, sin embargo, si no realmente plausible, tomar esta evidencia desde el otro extremo y argumentar, cómo Aldous Huxley lo hizo en su ensayo clásico Las puertas de la percepción, que la función primaria del cerebro podría ser eliminativa: su objetivo puede ser evitar que una dimensión vasta y transpersonal inunde nuestra conciencia, permitiendo así que monos como nosotros se abran paso por el mundo sin ser deslumbrados a cada paso por fenómenos visionarios irrelevantes para su supervivencia. Huxley pensaba en el cerebro como una especie de “válvula de escape” para una “Mente en Grande”. De hecho, la idea de que el cerebro es un filtro en vez que el origen de la mente se remonta hasta por lo menos Henri Bergson y William James. En opinión de Huxley, esto explicaría la eficacia de los psicodélicos: Puede que simplemente sean un medio material para abrir el tapón.

Huxley estaba operando bajo la suposición de que los psicodélicos disminuyen la actividad cerebral. Algunos datos recientes apoyan esta opinión; por ejemplo, un estudio de neuroimagen de la psilocibina sugiere que la droga reduce principalmente la actividad en la corteza cingulada anterior, una región involucrada en una amplia variedad de tareas relacionadas con el auto-monitoreo. Sin embargo, otros estudios han descubierto que los psicodélicos aumentan la actividad de todo el cerebro. En cualquier caso, la acción de estad drogas no descarta el dualismo, o la existencia de otras realidades mentales mas allá del cerebro, pero en realidad, nada lo hace. Ese es uno de los problemas con los puntos de vista de este tipo: Parecen ser infalsificables.3 ]

Tenemos razones para ser escépticos de la tesis cerebro-como-barrera. Si el cerebro fuera simplemente un filtro en la mente, dañarlo debería aumentar la cognición. De hecho, dañar estratégicamente el cerebro debería ser el método más fiable de práctica espiritual disponible para cualquiera. En casi todos los casos, la pérdida de cerebro debería producir más mente. Pero la mente no funciona de esa manera.

Algunas personas intentan evitar esto sugiriendo que el cerebro podría funcionar más bien como un radio, un receptor de estados de conciencia en lugar de una barrera para ellos. A primera vista, esto podría explicar los efectos nocivos de las lesiones y enfermedades neurológicas, pues si uno rompe el radio con un martillo, dejará de funcionar correctamente. Sin embargo, hay un problema con esta metáfora. Quienes la emplean invariablemente olvidan que somos la música, no la radio. Si el cerebro no fuera más que un receptor de estados de conciencia, debería ser imposible disminuir la experiencia del cosmos de una persona al dañar su cerebro. Ella puede parecer inconsciente desde afuera, como un radio descompuesto, pero, subjetivamente hablando, la música seguiría sonando.

Reducciones específicas en la actividad cerebral podrían beneficiar a las personas de ciertas maneras, para descubrir recuerdos o habilidades que están siendo activamente inhibidos por las regiones en cuestión. Pero no hay razones para pensar que la destrucción generalizada del sistema nervioso no afectaría a la mente (mucho menos mejorarla). Los medicamentos que reducen la ansiedad funcionan generalmente aumentando el efecto del neurotransmisor inhibidor GABA, disminuyendo así la actividad neuronal en diversas partes del cerebro. Pero el hecho de que amortiguar la excitación de esta manera hace que la gente se sienta mejor, no sugiere que se sentirían mejor aún si se les induciera un coma con drogas. Del mismo modo, sería poco sorprendente que la psilocibina redujera la actividad cerebral en las áreas responsables del auto-monitoreo, ya que eso podría, en parte, explicar las experiencias que a menudo se asocian con la droga. Esto no nos da ninguna razón para creer que apagar el cerebro por completo produciría una mayor conciencia de las realidades espirituales.

Sin embargo, el cerebro  excluye una cantidad extraordinaria de información de la conciencia. Y, al igual que muchos de los que han tomado psicodélicos, puedo afirmar que estos compuestos ciertamente abren las puertas. Postular la existencia de una Mente en Grande es mas tentador en algunos estados de conciencia que en otros. Pero estos fármacos también pueden producir estados mentales que podrían ser vistos como formas de psicosis. En términos generales, creo que debemos ser muy lentos para sacar conclusiones sobre la naturaleza del cosmos basándonos en experiencias internas, sin importar lo profundas que parezcan.

Una cosa es cierta: La mente es más vasta y más fluida de lo que nuestra conciencia ordinaria y en vigilia sugiere. Y es simplemente imposible comunicar la profundidad (o profundidad aparente) de los estados psicodélicos a quienes nunca los ha experimentado. De hecho, incluso a uno mismo le es difícil recordar el poder de estos estados una vez que han pasado.

Mucha gente se pregunta sobre la diferencia entre la meditación (y otras prácticas contemplativas) y los psicodélicos. ¿Son estas drogas una forma de hacer trampa, o son el único e indispensable vehículo para el auténtico despertar? No son ni lo uno ni lo otro. Todas las drogas psicoactivas modulan la neuroquímica existente en el cerebro, ya sea mediante la imitación de determinados neurotransmisores, o haciendo que los neurotransmisores mismos sean más o menos activos. Todo lo que uno puede experimentar con una droga es, en algún nivel, una expresión del potencial del cerebro. Por lo tanto, todo lo que uno ha visto o sentido después de ingerir LSD es probable que haya sido visto o sentido por alguien, en algún lugar, sin tomarlo.

Sin embargo, no puede negarse que los psicodélicos son un medio singularmente potente para alterar la conciencia. Puedes enseñar a una persona a meditar, orar, cantar o hacer yoga y no garantía que algo suceda. Dependiendo de su aptitud o interés, puede que la única recompensa por sus esfuerzos sean aburrimiento y dolor de espalda. No obstante, si una persona ingiere 100 microgramos de LSD, lo que sucede a continuación dependerá de una variedad de factores, pero no hay duda alguna de que algo va a suceder. Y el aburrimiento, simplemente, no está en el menú. En menos de una hora, el significado de su propia existencia se abalanzará sobre ella como una avalancha. Como el difunto Terence McKenna4 ] no se cansó de señalar, esta garantía de efecto profundo, para bien o para mal, es lo que separa a los psicodélicos de todos los demás métodos de investigación espiritual.

Ingerir una dosis poderosa de una droga psicodélica es como atarse a un cohete sin sistema de navegación. Uno podría terminar en algún lugar a donde vale la pena ir, y dependiendo de la sustancia y de nuestro “escenario y situación”, ciertas trayectorias son más probables que otras. Pero sin importar cuán metódicamente se prepare para el viaje, uno puede todavía ser lanzado a unos estados mentales tan dolorosos y confusos que pueden ser indistinguibles de la psicosis. Por eso, los términos psicotomiméticos y psicótogenos se aplican ocasionalmente a estas drogas.

He visitado ambos extremos del espectro psicodélico. Las experiencias positivas fueron más sublimes de lo que jamás hubiera imaginado o de lo que ahora puedo recordar con fidelidad. Estos químicos revelan capas de belleza que el arte es impotente para capturar y para los cuales la belleza de la naturaleza misma es un mero simulacro. Una cosa es recibir un golpe de asombro por la visión de una secuoya gigante y estar maravillado por los detalles de su historia y su biología subyacente. Es una cosa muy distinta pasar una eternidad aparente en una comunión libre de ego con ella. Las experiencias psicodélicas positivas a menudo revelan lo maravillosamente a gusto que un ser humano puede estar en el universo, y para la mayoría de nosotros, la conciencia normal de vigilia no nos ofrece siquiera un atisbo de esas posibilidades más profundas.

Las personas generalmente salen de tales experiencias con la sensación de que nuestros estados convencionales de conciencia oscurecen y truncan introspecciones y emociones sagradas. Si los patriarcas y matriarcas de las religiones del mundo experimentaron estos estados mentales, muchas de sus afirmaciones sobre la naturaleza de la realidad podrían tener sentido subjetivo. Una visión beatífica no te dice nada acerca del nacimiento del cosmos, pero sí revela cuán completamente transfigurada puede ser una mente por una colisión total con el momento presente.

Sin embargo, los picos son tan altos como profundos son los valles. Mis “malos viajes” fueron, sin lugar a dudas, las horas más angustiosas que he sufrido, y hacen que la noción del infierno (como metáfora y no un destino real) parezca perfectamente apta. Si de algo sirven estas atroces experiencias es para convertirse en una fuente de compasión. Creo que sería imposible imaginar lo que es padecer una enfermedad mental sin haber tocado brevemente sus costas.

En ambos extremos del espectro, el tiempo se dilata de manera que no se puede describir mas allá de observar que estás experiencias aparentan ser eternas. He pasado horas, tanto buenas como malas, en las cuales todo conocimiento de que había yo ingerido una droga estaba perdido, y todas las memorias de mi pasado junto con él. La inmersión total en el momento presente a este grado es sinónimo de la sensación de que uno siempre ha estado y siempre estará en precisamente esta condición. Dependiendo del carácter de la propia experiencia en este punto, las nociones de salvación y condenación pueden aplicar muy bien. La línea de Blake sobre contemplar “la eternidad en una hora” no promete ni amenaza demasiado.

Al principio, mis experiencias con la psilocibina y el LSD fueron tan positivas que no podía ver cómo era posible un mal viaje. Las nociones de “escenario y situación” (*set and setting) ciertamente vagas, parecían ser suficientes para explicar mi buena suerte. Mi situación mental era exactamente como debía ser, yo era un investigador espiritual y serio de mi propia mente, y mi escenario era generalmente de belleza natural o de aislamiento seguro.

No puedo explicar por qué mis aventuras con psicodélicos eran uniformemente agradables hasta que dejaron de serlo, pero cuando las puertas al infierno al fin se abrieron, parecían haber quedado permanentemente abiertas. A partir de entonces, si un viaje era bueno o no en su conjunto, por lo general, implicaba algún desvío angustioso en el camino hacia lo sublime. ¿Alguna vez has viajado mas allá de las meras metáforas, a la Montaña de la Vergüenza quedándote ahí durante mil años.? No lo recomiendo.

imagen

(Pokhara, Nepal)

En mi primer viaje a Nepal, tomé un bote de remos en el lago Phewa en Pokhara, que ofrece una vista impresionante de la cordillera de Annapurna. Era temprano por la mañana, y yo estaba solo. A medida que el sol se levantaba sobre el agua, ingerí 400 microgramos de LSD. Yo tenía 20 años de edad y había tomado la droga por lo menos diez veces anteriormente. ¿Qué podría salir mal?.

Resultó que todo. Bueno, no todo… no me ahogué. Tengo un vago recuerdo de haber llegado a una orilla y de estar rodeado por un grupo de soldados nepaleses. Después de mirarme por un tiempo, mientras yo espiaba furtivamente por sobre la borda como un lunático, parecía que estaban a punto de decidir que hacer conmigo. Pero después de unas corteses palabras en Esperanto y unos cuantos alocados golpes de remo, me alejé de la orilla hacia el olvido. Supongo que eso podría haber terminado de manera diferente.

Pero pronto no había lago, montañas ni barco, y de haber caído al agua estoy bastante seguro de que no habría ahí nadie que nadara. Durante las horas siguientes mi mente se convirtió en el perfecto instrumento de auto-tortura. Todo lo que quedaba era un terror continuo y demoledor para el cual no tengo palabras.

Un encuentro como éste te quita algo. Incluso si el LSD y drogas similares son biológicamente seguras, tienen el potencial de producir experiencias desagradables y desestabilizadoras. Creo que fui afectado positivamente por mis buenos viajes y negativamente por los malos, durante semanas y meses.

La meditación puede abrir la mente a un rango similar de estados de conciencia, pero mucho menos al azar. Si el LSD es como atarse un cohete, aprender a meditar es como levantar cuidadosamente la vela de un barco. Sí, es posible, incluso con orientación, terminar en un lugar aterrador y hay personas que probablemente no deberían pasar largos períodos en práctica intensiva. Pero el efecto general de aprender meditación es de asentarse con mayor plenitud en la propia piel y sufrir menos ahí.

Como dije en El fin de la fe, me parece que la mayoría de las experiencias psicodélicas son potencialmente engañosas. Los psicodélicos no garantizan sabiduría o un claro reconocimiento de la naturaleza no egoica (*carente de yo) de la consciencia. Se limitan a garantizar que los contenidos de la consciencia cambiarán. Tales experiencias visionarias, consideradas en su totalidad, me parecen éticamente neutras. Por lo tanto, parece que los éxtasis psicodélicos debe ser dirigidos hacia nuestro bienestar individual y colectivo por algún otro principio. Como Daniel Pinchbeck señaló en su muy entretenido libro Breaking Open the Head, el hecho de que tanto los Mayas como los Aztecas utilizaran drogas psicodélicas siendo practicantes entusiastas de los sacrificios humanos, hace que cualquier vínculo idealista entre el chamanismo a base de plantas y una sociedad iluminada parezca terriblemente ingenuo.

Como he discutido en otras obras, la forma de trascendencia que parece enlazarse directamente con el comportamiento ético y el bienestar humano es la que ocurre en medio de la vida ordinaria. Es al dejar de aferrarnos a los contenidos de la conciencia, a nuestros pensamientos, estados de animo y deseos, que progresamos. Este proyecto no requiere, en principio, que experimentemos más contenido. 5 ]  Librarse del ego, que es a la vez el objetivo y el fundamento de la vida “espiritual” es coincidente con la percepción y cognición normales, aunque, ciertamente, esto puede ser difícil de entender.

El poder de los psicodélicos, sin embargo, es que a menudo revelan, en el lapso de unas pocas horas, profundidades de fascinación y entendimiento que de otra forma nos pueden eludir por toda la vida. William James dijo que casi tan bien como cualquiera: 6 ]

Una conclusión entró por la fuerza en mi mente en ese momento, y mi impresión sobre su veracidad ha permanecido inquebrantable desde entonces. Y es que nuestra conciencia normal de vigilia, la consciencia racional, como la llamamos, no es sino un tipo especial de conciencia, mientras que por toda ella, separadas por un delgadísimo velo, se encuentran formas potenciales de consciencia totalmente diferentes. Podríamos ir por la vida sin sospechar su existencia, pero si aplicamos los estímulos necesarios, en un momento aparecen ahí, en toda su plenitud, tipos concretos de mentalidad que probablemente en algún lugar tienen su campo de aplicación y adaptación. Ninguna descripción del universo en su totalidad puede ser definitiva si se hacen a un lado estas otras formas de consciencia. Cómo interpretarlas es la cuestión, puesto que son tan discontinuas con la consciencia ordinaria. Con todo, éstas pueden determinar actitudes a pesar de que no puedan aportar fórmulas y abren una región a pesar de que no dan un mapa. En cualquier caso, nos prohiben un cierre prematuro de nuestra descripción de la realidad.

(Las variedades de la experiencia religiosa, p. 388)

Creo que los psicodélicos pueden ser indispensables para algunas personas, especialmente para aquellos que, como yo, en un principio necesitan ser convencidos de que los cambios profundos en la consciencia son posibles. Después de eso, parece sensato encontrar formas de practicar que no presenten los mismos riesgos. Afortunadamente, tales métodos están ampliamente disponibles.


NOTAS:

  1. Una amplia literatura sugiere que el MDMA daña neuronas productoras de serotonina y disminuye los niveles de serotonina en el cerebro. Una amplia literatura sugiere ahora que el MDMA puede dañar las neuronas productoras de serotonina y disminuir los niveles de serotonina en el cerebro. Esta es la punta del iceberg: 1 , 2 , 3 , 4 , 5 y 6 . Sin embargo, existen reclamos creíbles de que muchos de estos estudios utilizaron controles deficientes o dosis en animales de laboratorio que eran demasiado altas para modelar el uso humano de la droga. 
  2. ¿Qué es moderación? Digamos que nunca he conocido a una persona que fume marihuana todos los días de quien haya pensado que no se beneficiaría de fumar menos (y nunca he conocido a alguien que nunca la ha probado de quien haya pensado que no se beneficiarían de fumar más).
  3. El fisicalismo, por el contrario, podría ser fácilmente falsificado. Si la ciencia alguna vez estableciera la existencia de fantasmas, o la reencarnación, o cualquier otro fenómeno que ponga a la mente humana (completa o en parte) fuera del cerebro, el fisicalismo estaría muerto. El hecho de que los dualistas nunca puedan decir lo que contaría como evidencia en contra de sus puntos de vista hace que esta antigua posición filosófica sea muy difícil de distinguir de la fe religiosa.
  4. Terence McKenna es una persona me arrepiento de no haber conocido. Desafortunadamente, él murió de cáncer cerebral en el 2000, a la edad de 53. Sus libros bien valen la pena de leer y recomiendo varios más adelante, pero era, sobre todo, un orador increíble. Es cierto que su elocuencia a menudo le llevó a adoptar posiciones que sólo pueden ser descritas (por caridad) como “alocadas”, pero el hombre era sin lugar a dudas brillante y siempre vale la pena escucharlo. 
  5. Debo decir, sin embargo, que hay experiencias psicodélicas que no he tenido, que parecen transmitir un mensaje diferente. En lugar de ser estados en los que los límites del yo se disuelven, algunas personas tienen experiencias en las que el yo (en cierta forma) parece ser transportado a otro lugar. Este fenómeno es muy común con el DMT, y puede llevar a sus iniciados a algunas conclusiones muy sorprendentes sobre la naturaleza de la realidad. Más que nadie, Terence McKenna fue muy influyente en volver a la fenomenología del DMT relevanteEl DMT es único entre los psicodélicos por varias razones. Todos los que han probado parecen estar de acuerdo que es el alucinógeno más potente disponible (no en términos de la cantidad necesaria para una dosis efectiva, sino en términos de sus efectos). También es, paradójicamente, la que actúa con mayor rapidez. Si bien los efectos del LSD pueden durar diez horas, el trance del DMT aparece en menos de un minuto y desaparece en diez. Una razón para tan empinada farmacocinética aparentemente, es que este compuesto ya existe en el interior del cerebro humano, y se metaboliza fácilmente por monoaminoxidasa. El DMT es de la misma clase química que la psilocibina y el neurotransmisor serotonina (pero además de tener una afinidad por los receptores 5-HT2A, se ha demostrado que une al receptor sigma-1 y modula canales de Na+). Su función en el cuerpo humano sigue siendo un misterio. Entre los muchos misterios e insultos presentados por el DMT, es que ofrece una burla final a nuestras leyes antidrogas: No sólo hemos criminalizado sustancias de origen natural, como la cannabis, hemos criminalidad a uno de nuestros propios neurotransmisores.Muchos usuarios de DMT reportan haber sido empujados bajo su influencia a una realidad adyacente donde se encuentran con seres extraterrestres que parecen decididos a compartir información y demostrar el uso de tecnologías inescrutables. La convergencia de cientos de esos informes, muchos de ellos de usuarios primerizos de la droga a quienes no se les ha dicho que esperar, es ciertamente interesante. También vale la pena notar que estas descripciones están casi totalmente libres de imágenes religiosas. Parece que uno está mucho más propenso a toparse con extraterrestres o elfos bajo la influencia del DMT que con los tradicionales santos o ángeles. Como no he probado el DMT, y no he tenido una experiencia del tipo que describen sus usuarios, no sé que pensar de todo esto. 
  6. Por supuesto, James estaba reportando sus experiencias con óxido nitroso, que es un anestésico. Otros anestésicos, como clorhidrato de ketamina y clorhidrato de fenciclidina (PCP), tienen efectos similares en el estado de ánimo y la cognición en dosis bajas. Sin embargo, hay muchas diferencias entre estos fármacos y los psicodélicos clásicos, una de las cuales es que altas dosis de éstos últimos no llevan a la anestesia general. 

Texto original

Anuncios

Sobre las verdades espirituales – por Sam Harris

Image

Foto: Mathew C. Wright.

Un día, usted se encontrará fuera de este mundo que es como el vientre de una madre. Dejará usted esta tierra para entrar, mientras usted sigue en su cuerpo, a una vasta extensión, y sabrá que las palabras, “la tierra de Dios es inmensa”, nombran a esta región de la que los santos provienen.

-Jalal-ud-Din Rumi

Muchos de mis compañeros ateos consideran cualquier plática sobre “espiritualidad” o “misticismo” como sinónimo de enfermedad mental, fraude consciente, o auto-engaño. He argumentado en otro lugar que este es un problema, porque millones de personas han tenido experiencias en las cuales “espiritual” y “místico” parecen los mejores términos disponibles.

Por supuesto, muchas de las creencias que las personas forman basándose en estas experiencias son falsas. Pero el hecho de que la mayoría de los ateos vean una declaración como la de Rumi, al principio, como un signo de la credulidad del hombre o de su trastorno, coloca un grano de verdad en medio de los desvaríos de nuestros oponentes, incluso los más crédulos y trastornados.

Consideren a Sayed Qutb, el filósofo favorito de Osama bin Laden. Qutb pasó la mayor parte de 1949 en Greeley, Colorado, y se encontró, para su horror y satisfacción, con que sus anfitriones americanos desperdiciaban sus vidas entre chismes, entretenimiento trivial y mantenimiento del césped. A partir de esta ‘Oscura Noche en los Suburbios’, llegó a la conclusión de que la civilización occidental era tan espiritualmente estéril que debería ser destruida.

Como suele suceder con los conservadores religiosos, la frustración sexual explica mejor lo que la ignorancia y la “negación de la muerte” no explican acerca de Qutb:

La joven estadounidense conoce bien la capacidad seductora de su cuerpo. Ella sabe que se encuentra en la cara, los ojos expresivos y labios sedientos. Ella sabe que la seducción se encuentra en los pechos, las nalgas redondas llenas, y en los muslos torneados y elegantes piernas, y ella muestra todo esto y no lo oculta.

(Sayyid Qutb, The America I Have Seen: In the Scale of Human Values, 1951)

Estas no son las palabras de un hombre que ha discernido los límites del apego romántico. Estando aterrado de la mujer, y sin embargo tan concupiscente como los bonobos, se cree que Qutb murió virgen. Podemos sentir su dolor. No es necesario decir que su apego al Islam puritano le permitió hacer de la necesidad una virtud: Qué alivio debió ser el saber que el Creador del universo destinó a estas aterradoras criaturas a vivir como esclavas de los hombres.

Pero Qutb no estaba equivocado acerca de todo. Sí existe algo degradado y degradante en muchos de nuestros hábitos de atención. Tal vez debería hablar por mí mismo en este punto: Me parece que me paso gran parte de mi vida consciente en un trance neurótico. Sin embargo, mis experiencias con la meditación indican que existe una alternativa a esto. Es posible estar libre de la fuerza destructora de uno mismo, aunque sólo sea por un momento.

Pero el hecho de que la conciencia humana permite experiencias excepcionales no hace que la visión del mundo de Sayed Qutb, del Islam, o de las religiones reveladas en general, sea menos divisiva o ridícula. Las manchas intelectuales y morales de las religiones del mundo (la misoginia, el “otro-mundo”, el narcisismo y la falta de lógica) son tan feas y tan indelebles como para que el lenguaje religioso resulte sospechoso. Y comparto la preocupación expresada por muchos ateos de que términos como “espiritual” y “místico” a menudo se utilizan para hacer afirmaciones, no sólo sobre las cualidades de ciertas experiencias, sino sobre la naturaleza del cosmos. El hecho de que uno puede perder el sentido de sí mismo en un océano de tranquilidad no significa que la conciencia es inmaterial o que presidió el nacimiento del universo. Esta es la relación espuria entre la experiencia contemplativa y la metafísica que pseudo-científicos como Deepak Chopra encuentran irresistible.

Pero, como argumento en El paisaje moral, una ciencia de la mente, ahora en maduración, nos puede ayudar a comprender y acceder a las alturas del bienestar humano. Para ello, sin embargo, primero tenemos que reconocer que dichas alturas existen.